lunes, 13 de agosto de 2012

La pesca ilegal es una matanza invisible

ORIGINAL: El Colombiano
POR: MARÍA VICTORIA CORREA
 12 de agosto de 2012


Pese a las promesas para fortalecer la autoridad pesquera, la tragedia crece en el mar.

Amontonados como zapatos, así se veían en la foto. Pero no eran zapatos, eran tiburones muertos, muchos sin cabeza, sin aletas. Los imaginé tristes, segundos antes de que murieran. 

La escena raya con la maldad cuando se ve a un pescador que los acomoda, tal vez en un acto de buena fe para que todos se cuiden sus muertes y la sangre y sus vísceras no hagan tanto ruido si se les ve esparcidos por el pequeño bote de bandera ecuatoriana. Entonces, perdón, como no eran zapatos, la imagen duele. 

Le duele a Sandra Bessudo, actual directora de Cooperación Internacional y experta en temas de conservación, quien insistió en poner los ojos sobre ese “bosque de agua” que vive sin quejarse y que se muere por dentro.

No deja dormir al vicealmirante Hernando Wills, jefe de Operaciones Navales de la Armada Nacional, quien compromete a todos sus hombres para que en el millón de kilómetros cuadrados de territorio marítimo que vigilan, detecten un acento no colombiano, un pequeño bote extranjero, haciendo faena en aguas nacionales. 

Y le preocupa al Gobierno, que lentamente busca consolidar una oficina que atienda la pesca ilegal en Colombia a manos de extranjeros y a pesar de que existe, los expertos apuntan a que la Autoridad Nacional de Acuicultura y Pesca, Aunap, es muy novata para evitar esta tragedia. 

¿De qué tragedia hablamos?
Yamauri es una de las motonaves más grande de bandera extranjera que este año ha ingresado al país. 

Cuando la Armada Nacional la retuvo los primeros días de enero, cerca al Parque Natural Malpelo, la faena alcanzaba la tonelada de atún, dorado y tiburón y en el bote, cual carnicería de barrio, estaban regadas las aletas que les habían acabado de cortar.


Yamauri es apenas una de las 19 embarcaciones de banderas de Costa Rica, Honduras, Nicaragua y Ecuador en las que se movilizaban 60 extranjeros, con 14 toneladas de pesca ilegal, que las autoridades han reportado en los últimos siete meses.

Estos datos, que en apariencia no representan un desastre ambiental, comparados con las de los dos últimos años, sí son bastante desalentadoras. Mientras que en el 2010 se detuvieron cinco embarcaciones extranjeras con 20 toneladas de pesca, en el 2011 solo fueron siete embarcaciones con 12 toneladas.

Para las autoridades navales, las cifras de este año están estrechamente ligadas a un nuevo modus operandi de los pescadores, en su mayoría ecuatorianos, ya que ahora no utilizan grandes barcos sino pequeñas lanchas de fibra de vidrio, en las que se transportan entre tres y cuatro personas y que les permite pescar proporciones pequeñas.

El vicealmirante Hernando Wills, jefe de Operaciones Navales de la Armada, indicó que permanentemente sus unidades realizan operativos y que aunque no lo hacen en todo el espacio marino, “porque es imposible”, se concentran en puntos claves como Malpelo, La Guajira, el golfo de Urabá y San Andrés.

Indicó que el procedimiento cuando los guardacostas retienen a extranjeros con pesca ilegal es llevarlos al puerto más cercano, generalmente a Buenaventura y allá se ponen a disposición de la Fiscalía y, en el caso de los extranjeros, se trabaja en articulación con la Cancillería y Migración Colombia, que les impone multas y algunos van a la cárcel hasta que aclaren su situación.

La tragedia invisible
Es más fácil ver cuando le abren un boquete a un bosque que lo que le está pasando al fondo del océano, nadie ve eso”, así describió la gravedad de las consecuencias de la pesca ilegal en el país Sandra Bessudo, quien manifestó que al no entender cómo funciona el océano y la manera cómo se extraen los recursos, al país poco lo escandaliza la matanza de una o dos toneladas de tiburones, porque de repente son muertes invisibles. De esas muertes que pocos lloran, que pocos reclaman, que pasan a hacer una cifra y así se quedan, así se mueren los tiburones martillo, los aletinegros, las langosta y los caracoles de pala, en silencio. 

Por eso para Bessudo, la ilegalidad no tiene bandera. Aunque los extranjeros hacen su aporte, los colombianos también y la indignación debe ser total, en todos los sentidos, sin acentos.

Sin embargo, para Bessudo es evidente que los extranjeros, en los últimos meses, han enlutado las aguas nacionales.

No se nos puede olvidar, que la misma Sandra Bessudo, en octubre de 2011, hace apenas ocho meses, denunció que en Malpelo, mataron dos mil tiburones que, al parecer murieron después de que tripulantes de barcos de Costa Rica les cortaran las aletas. 

Se han hecho muchas advertencias para que nos demos cuenta de la importancia del mar. No le podemos dar más la espalda. No. Podemos utilizar el recurso, pero de manera sostenible. No nos podemos quedar en combatir la pesca ilegal, tenemos que tener la información suficiente para tomar las medidas de sostenibilidad. Se necesita saber, por ejemplo, qué especies están en peligro de extinción”.

Pero eso no será fácil. Aunque la Armada Nacional continúa en su tarea de rastrear embarcaciones extranjeras, el país está en un proceso de fortalecer su institucionalidad pesquera, al pasar del Incoder a la Aunap y por eso se hace necesario que el Gobierno le de un empujón y la fortalezca.

Julián Botero, su director, explicó que hay un grupo de profesionales del Incoder que trabaja en la estructuración de un plan de acción para combatir la pesca ilegal, subrayando que no es una problemática nueva y que “tampoco se está agravando”.

Indicó que están en el proceso que la Aunap se consolide y a la espera de que el Gobierno les autorice su propia planta de personal porque hasta ahora, él es su único empleado.

Entonces, mientras Santos, quien en enero se comprometió con no dejar que el “boquete en el bosque” se siga abriendo, la Armada seguirá reteniendo barcos con bandera extranjera y la imagen se repetirá: el pescador acomoda los tiburones, recoge las aletas, limpia la sangre, el olor a pescado muerto se esfuma y la matanza queda invisible.

ANÁLISIS

El control sobre Malpelo es muy difícil

El impacto ambiental de la pesca ilegal depende de dónde se haga la actividad, sobre qué recursos y con qué artes de pesca. Por eso los barcos con permiso, también tienen una regulación para el desarrollo de la actividad. El Pacífico es una zona geográfica privilegiada por su posición, por su diversidad de especies y abundancia. El control de Malpelo es muy difícil a pesar de la Armada tiene presencia permanente, es muy complejo porque los pescadores conocen la dinámica y le hacen el quite a las patrullas. No tenemos la logística suficiente en cuanto a control, a embarcaciones, combustible y personal para estar siempre en alta mar. 
Luisa Maldonado
Profesional del Incoder y bióloga marina

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