Mostrando entradas con la etiqueta árbol. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta árbol. Mostrar todas las entradas

domingo, 17 de agosto de 2014

Tu álbum botánico. Semana del Árbol. Colombia


Queremos que no solo te unas y hagas parte de este proyecto en cualquiera de las siguientes opciones, sino que participes en el concurso en el que se unen www.semanadelarbol.org y www.saviabotanica.com

¡Así participas en el concurso! 

¿Cómo?
Enviando máximo dos fotografías en donde los protagonistas sean árboles. Cualquier tipo de árbol, lo importante es que sea el ¡rey de la foto!

¿Qué debes hacer? Enviar tus fotos al correo electrónico: correo@saviabotanica.com con los créditos del fotógrafo, el lugar donde se tomó y un nombre para la foto.

¿Qué haremos con las fotos? Las publicaremos en nuestra página Web y redes sociales de la Semana del árbol y de Savia (Facebook y Twitter), haciendo mención de su autor.

Para la publicación de la foto tendremos en cuenta: Debe tener autor, lugar y nombre
Seguirnos en las redes sociales

En Facebook: 
¡Ojo con el plagio!
Enviar máximo dos fotos por persona
Enviarla al correo que se menciona

¿Qué ganarás?
Publicaremos 15 fotos, pero solo ganarán premio las 3 escogidas por Savia y la Semana del Árbol. Así que demuestra todas tus dotes: destreza en la fotografía y amor por el cuidado de los árboles.

Premios:
Primer puesto:
  • Libro "Vienen los pájaros", guía de aves publicado por la la Universidad Tecnológica de Pereira
  • Segundo tomo de la colección Savia: Savia Amazonas – Orinoco
  • Camiseta de la Semana del Árbol
Segundo y tercer puesto:
  • Segundo tomo de la colección Savia: Savia Amazonas – Orinoco
  • Camiseta de la Semana del Árbol

Las tres personas que ganen serán contactadas por correo electrónico y recibirán vía correo físico sus respectivos premios.

No te quedes por fuera y ahora sí, ¡envíanos tus fotos!

ORIGINAL: Savia Botánica

lunes, 2 de julio de 2012

Woodcut: A Meditation on Time Through the Inked Cross-Sections of Fallen Trees

ORIGINAL: Brain Pickings

Bryan Nash Gill’s visual record of the passage of time.

Trees have a way of witnessing the world that stirs our deepest sense of permanence and impermanence . Somewhere between Cedric Pollet’s Bark and Romeyn Houghs’s cross-section plates comes Bryan Nash Gill’ s Woodcut ( public library ) — a magnificent collection of the artist’s large-scale relief prints from the cross-sections of fallen and damaged trees.

Gills’ ink prints — sometimes stark, sometimes nuanced, always exquisitely beautiful — provide another, at once more abstract and more organic, way to visualize time , his labor-intensive printmaking process mirroring the patience imprinted on the trees’ arboreal rings. Looking at the cross-sections from above, inverting one’s usual orientation relative to a tree, kindles a kind of transcendental awe at these radial life records.

Ash, 2003. 82 years printed

Red Ash, 2007. 82 years printed
Double Crescent, 2009. Norway spruce. 45 years printed
Black Locust with Bark, 2009.  87 years printed
Honey Locust, 2010. 31 years printed
Eastern Red Cedar, 2011. 77 years printed
Glue Lam, 2003
One of Gill's first prints created from dimensional lumber. Glued laminated timber is known for its superior structural strength and used in columns and beams. This print, revealing the grain patterns of glued lumber, is made from two boards stacked and rotated.

Gill at work, inking the block and printing (pressing the rings) of Eastern Red Cedar

Nature writer Verlyn Klinkenborg observes in the foreword:

Something [happens] as you peer into these boles. They confound time, simultaneously offering diachrony and synchrony, to use those nearly antiquated words. You look across all of the tree’s living years, exposed at one. And yet, as you move from the center to the periphery — to the final present of that individual tree — you’re also looking alongtime, along the succession of growth cycles that end in what is, after all, the death mask of a plant, the sustained rigor mortis of a maple, ash, spruce, locust, and other species.




Woodcut

Beautiful and quietly poetic, Woodcut is an absolute treat both aesthetically and conceptually, pulling you into a deeper contemplation of the passage of time as it sweeps you up in a meditation on beauty.

Captioned images courtesy of Princeton Architectural Press / Bryan Nash Gill

sábado, 10 de marzo de 2012

Viaje a la herida del tsunami

ORIGINAL: El Pais (España) | Nature
El solitario pino de Rikuzentakata. / J. R.
En la costa de Rikuzentakata, una población situada 500 kilómetros al noreste de Tokio que hace un año tenía unos 24.000 habitantes, se eleva un pino agonizante de 30 metros de alto. El tronco arqueado, la copa reseca, las raíces hundidas en una tierra que ahora es salada hablan de una muerte temprana. Fue el único árbol de un bosque de 70.000 ejemplares que sobrevivió a la fuerza del tsunami generado por el terremoto de magnitud 9.0 en la escala Richter que el 11 de marzo del año pasado devastó la costa nororiental de Japón. La catástrofe dejó a su paso 15.854 muertos y 3.276 desaparecidos.

El pino solitario se ha convertido en un símbolo de esperanza para esta localidad de la prefectura de Iwate, en la que fallecieron cerca de 2.000 personas, a pesar de que sus 250 años de vida parecen haber llegado a su fin debido a la salinización del suelo.

Trabajos para contener la diseminación de la radiación en la central de Fukushima. Video de Nature. 
Una imagen tomada en Otsuchi, en la prefectura de Iwate, un mes después del tsunami; y el mismo edificio en la actualidad. / TORU HANAI (REUTERS)
Lo que hace un año era el terreno en el que se elevaba el bosque que protegía la ciudad de los vientos del océano desde hace más de 300 años y uno de los lugares turísticos más populares del norte de Japón, ahora es un erial anegado de arena y mar del que sobresalen troncos quebrados y restos de aparejos de pesca. Junto al árbol, un edificio amarillento con el espinazo roto es lo único que resistió, malamente, al embate del muro de agua. Más de 3.000 edificios fueron arrancados de cuajo o destruidos completamente.

El País
En muchos lugares de los cientos de kilómetros de la costa de Japón destrozados por el maremoto, la masa de océano superó los 13 metros de altura (el equivalente a cuatro pisos), y en algunos puntos llegó a 30 o 40 metros. Se rompieron 45 diques y fueron dañados 78 puentes y 3.918 carreteras. Aún hoy siguen desplazadas de sus hogares 343.000 personas. El Gobierno estima en 16,9 billones de yenes (156.500 millones de euros) los daños en edificios, infraestructuras, vehículos, fábricas e instalaciones agrícolas y pesqueras, entre otros.

Son cifras cuyo verdadero significado solo se aprecia cuando uno se sitúa frente a una de las pocas estructuras que quedaron en pie y observa los muros reventados y los huecos de las ventanas vaciados por las aguas, cuando uno ve los viaductos del tren segados y las vías plegadas como regaliz o cuando contempla las explanadas desnudas de viviendas en poblaciones como Rikuzentaka, Minamisanriku, Kesennuma, Onagawa y tantas otras en las que desaparecieron barrios enteros.

Son inmensas superficies salpicadas tan solo por algunos esqueletos de acero y hormigón, interrumpidas por los dibujos geométricos de los cimientos sobre los que se asentaban las casas de madera que fueron arrastradas por las aguas cargadas de proyectiles en forma de maderos, coches, barcos, tanques de combustible y todo lo que encontraban a su paso. El silencio y el frío de la nieve que ha caído estas semanas sobre la región solo son rotos por el paso de algunos vehículos y las excavadoras que trabajan por todos lados en la reconstrucción.


viernes, 17 de febrero de 2012

El Odio al Árbol.

ORIGINAL: El Mercurio 
(¿Solo en Chile?)

Christián Warnker
En Chile existe un odio atávico, incomprensible, al árbol. La tala indiscriminada, la quema, el abandono, la indiferencia de sus habitantes por los árboles no tienen parangón en la Tierra. Qué paradójico: Chile es pródigo en bosques milenarios únicos, de árboles de hoja perenne, y, sin embargo, ni los habitantes ni las autoridades tienen conciencia del valor sagrado de sus quillayes, ñirres, peumos y araucarias. Cerca de mi casa, en la esquina de Américo Vespucio con Francisco de Aguirre, hay una araucaria abandonada entre torres que se alzan sobre las ruinas de las casas. Siempre al pasar junto a ella me detengo, la venero en silencio y al ver su perfil recortándose sobre el cerro Manquehue, pienso que ella fue seguramente la "majestad" de estos parajes.

En nuestros campos es frecuente que se les ordene a los peones arrancar árboles que "molestan", como si fueran maleza o mala hierba. Y abundan los pirómanos que disfrutan provocando todos los veranos incendios con distintos móviles, pero al final alimentados por el odio atávico al árbol. Es más frecuente ver a funcionarios municipales "disfrutando" de la tala de árboles que a funcionarios municipales plantando árboles. Siempre hay una excusa para arrancarlos, nunca una razón para plantarlos.
"Los árboles son santuarios. Quienquiera que sepa escucharlos experimenta la verdad", dijo Herman Hesse. En su reflexión, Hesse apunta a una dimensión hoy olvidada: la de lo sagrado, lo numinoso, lo que no puede ser cuantificado ni medido. El árbol se resiste con todo su ser a ser convertido en mera cifra, en chip , y se yergue, orgulloso de tener las raíces en la tierra profunda y de alzar su copa al cielo. Nosotros debiéramos aprender de ellos la relación con la tierra, con las raíces, con el humus de donde venimos y también con el cielo. Cada árbol que talas es una escalera al cielo que derribas.

El hombre ha venerado al árbol desde siempre, convirtiéndolo en todas las culturas en símbolo axial. Ahí están el Árbol de la Vida, el Árbol del Conocimiento, el Árbol Universal, el Árbol de la Iluminación del budismo. En cualquier villorrio o aldea en los orígenes de la civilización existía una arboleda sagrada, intocable, lugar de peregrinación, de retiro y de sanación. Ni siquiera las tropas invasoras las destruían: podían arrasar las ciudades enemigas, pero jamás sus bosques sagrados.

En Chile hacemos lo contrario: lo primero que sacrificamos son nuestros árboles, víctimas propiciatorias y sacrificiales en el altar de nuestra pasmosa ignorancia e insensibilidad. ¿De dónde nos vendrá nuestro desprecio, nuestro "ninguneo" del árbol? Elicura Chihuailaf, poeta mapuche, al referirse al bosque, habla de "la taberna sagrada". Pero, ¿fue la cultura mapuche una cultura embriagada por la numinosidad de los bosques, o sólo coexistió con ellos? ¿Viene ese desprecio tal vez de los españoles? No sé.

Leo "El legado de los árboles" de Fred Hagener, un estudio de los árboles en relación con las religiones comparadas, mitología y arqueología. Ahí se muestra a pueblos como los celtas y germánicos, cuya religiosidad se basaba en las fuerzas de la naturaleza. Lo mismo sucedía con los egipcios y persas.

En Chile, país donde la naturaleza, por sus dimensiones y radicalidad, debiera haber generado un arraigado "temor sagrado" y venerante de volcanes, bosques, lagos y mar, más bien ha producido una suerte de "fuga", un estado de aturdimiento e inconciencia. ¿Quizás como venganza a una naturaleza que muchas veces nos ha lanzado al abismo?

Querida Araucaria vecina, majestad venida a menos de este Reino de Chile depredado: sueño con el día en que los niños del futuro vengan otra vez a abrazarte, a buscar tu sombra, a recoger los frutos. Si estás todavía aquí, ¡recíbelos con los brazos abiertos, como una madre a sus hijos pródigos!


jueves, 5 de enero de 2012

Temporada de guayacanes florecidos en Medellín

VIDEO ORIGINAL: TeleMedellin


Alvaro Cogoyo, Director Cientifico del Jardín Botánico de Medellín, explica el evento



ORIGINAL: El Colombiano

El árbol amarillo volvió para decorar
 Si bien los hay blancos y rosados, los guayacanes amarillos son los más llamativos durante su período
de floración. Verlos es todo un canto a la vida.  Manuel Saldarriaga |
DICEN QUE QUIEN de amarillo se viste a su belleza se atiene. Y bella está la ciudad esta semana con la floración de los guayacanes. Un grupo de twitteros nos comparte sus fotos.

Originario de Colombia y Venezuela, donde es el árbol nacional, el guayacán amarillo (Tabebuia chrysantha) es una especie urbana que abunda en el Valle de Aburrá.

La floración ocurre cuando se dan unas condiciones climáticas especiales y en forma sincrónica, extraordinaria, florecen de manera casi simultánea como se da en este momento.

En cuestión de una noche, despojan sus hojas verdes y amanecen casi completamente florecidos. Según explican los expertos del Área Metropolitana, la floración dura aproximadamente 15 a 20 días, mientras dejan un tapete amarillo en el piso.

Hoy no es fácil determinar cada cuánto florecen debido al clima atípico que prevalece lo que no permite predecirlo, sin embargo es normal que haya unas dos o tres floraciones en el año.

Estos árboles pueden superar los 80 a 100 años, son de maderas finas y no son explotados industrialmente, por que su madera es muy dura. Otra característica es que tiene raíces profundas.