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lunes, 18 de febrero de 2013

Drummond, un desastre ambiental, económico y social

17 de Febrero de 2013

Un análisis revelador y detallado del contrato leonino y de la larga cadena de abusos y de excesos de esta compañía carbonera durante 25 años.

Drummond: la segunda carbonera más importante del país — después de Cerrejón — a costa de transformar un rico departamento agropecuario en un desierto en construcción. Foto: Drummond 
Se nos creció el gringo
Gary Drummond, un mediano productor de carbón en Alabama, Estados Unidos, suscribió en 1988 con Carbocol el contrato de Aporte Minero 078 para operar La Loma, cuyos términos y condiciones le permiten actuar en los departamentos de Cesar y Magdalena como una república independiente, sin más leyes y normas que las que la compañía misma establece y que el Estado debe respetar.

Con diez años de anticipación, la compañía Drummond solicitó a la autoridad minera renovar el oneroso contrato de Aporte Minero de La Loma, que vence en el 2019, y que arrastra un enorme historial de irregularidades e infracciones a las normas ambientales, y un ostensible desprecio por el entorno social, los derechos humanos y la legislación laboral.

Con una producción superior a los 23 millones de toneladas en el 2011, esta compañía se ha convertido en la segunda carbonera más importante del país — después de Cerrejón — a costa de transformar, en complicidad con el Estado, un rico departamento agropecuario en un desierto en construcción.

Contrato leonino
Quienes pensaban que Cerro Matoso era un modelo de lo que el país no debía hacer en materia de contratación minera, están equivocados. Veamos algunas joyas del contrato original y de los otrosíes que conforman el contrato 078 de 1988.

A diferencia de todos los demás contratos mineros del país — que pagan regalías por la producción en boca de mina — Drummond logró pactar que las regalías se paguen por los volúmenes que embarcan. De manera que todo el carbón que se pierda en el proceso técnico, de transporte y de embarque corre por cuenta del Estado. Por ejemplo, el carbón que fue arrojado al mar el pasado 13 de enero es una pérdida para el Estado.

Todas las cifras del contrato son presuntivas. Inversión presuntiva, ganancias presuntivas, costos presuntivos y fletes presuntivos. Sobre estas cifras presuntivas, se calcularon las regalías y se pagaron los impuestos; se permitió el uso de estos estimativos, porque “la empresa requiere tener suficiente flexibilidad técnica para su adecuado desarrollo”.

Las regalías son del 15 por ciento sobre el precio FOB presuntivo. Además de ser presuntivas, las regalías no se pagan como en los demás contratos mineros — sino el primer 5 por ciento a los 30 días del embarque y el 10 por ciento restantes otros 30 días después. Una forma elegante de financiarse con recursos del Estado.

Uno de los logros económicos más importantes para el país fue haber pactado una ganancia presuntiva equivalente a las ventas brutas de carbón menos los costos presuntivos y la renta de los activos. Como los costos presuntivos los estima Drummond, el Estado no ha recibido jamás un solo peso por este concepto.

El precio FOB del carbón de Drummond se fijó inicialmente en relación directa con el precio FOB del carbón del Cerrejón. Sin embargo, desde cuando se enajenaron los intereses de la Nación en Cerrejón, el precio fue fijado durante varios años por la misma compañía. La autoridad minera ni se inmutó por el riesgo moral de la información, pese a que es una variable fundamental para calcular las regalías y pagar impuestos.

Actualmente, las regalías se liquidan mediante una fórmula compleja, cuyas variables surgen sin que la autoridad minera las pueda fiscalizar. Las restricciones al acceso a la información son tan grandes, que la realidad contable de la operación está cubierto con un manto de confidencialidad.

lunes, 28 de mayo de 2012

Ciénagas del Cesar desaparecerán en un siglo

ORIGINAL: PeriodicoUN
Por Carlos Javier Cuervo O., Unimedios

Obras civiles mal diseñadas, como esta, afectan gravemente a las ciénagas del norte del país. Foto: Archivo particular
Los procesos erosivos de las cuencas, la invasión de pobladores y la mala ejecución de obras de ingeniería han ocasionado inundaciones, afectación de la biota y graves problemas sociales para las poblaciones cercanas a estos inmensos humedales en el norte de Colombia. Según especialistas, algunos tendrían tan solo 100 o 150 años más de vida útil.

El extenso sistema de ciénagas del Departamento del Cesar comprende desde el humedal El Congo –en el municipio de San Martín–, hasta el Costillas, municipio de Pelaya –la zona más al norte–. Todos están interconectados por sistemas fluviales y dependen de los ríos Lebrija y Magdalena.

Las cuencas de estas ciénagas son gigantescas cubetas que reciben las descargas de material sólido (sedimentos) que arrastra los ríos, producto de los fenómenos naturales (viento y lluvias), así como de la actividad humana (ganadería y cultivos). Mientras existan altas dinámicas hidráulicas, producto de las anteriores acciones, las cuencas se llenarán de materiales más gruesos rápidamente, lo que preocupa a los expertos.

Por otra parte, una serie de malas obras hidráulicas –por ejemplo, canales y tuberías inadecuadas– y el mal manejo de las cuencas (como las del Lebrija y el Magdalena, que aportan gran cantidad de sedimentos), provocan el rápido llenado de los lechos, que no tienen forma de evacuar esos materiales y se convierten así en una gran piscina de inundación, especialmente las ciénagas de Juncal y Vaquero, en el municipio de Gamarra, y la de El Congo.

Asimismo, existen grandes diferencias en los procesos de colmatación (acumulación de sedimentos) entre las ciénagas del norte y las del sur, pues estas últimas presentan un desgaste más acelerado que, sumado a la falta de sistemas eficientes de drenaje, hace presagiar el peor final para ellas.

Intervención y erosión
Según Alexis Jaramillo, geólogo y profesor del Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de Colombia, en zonas como Gamarra no solo se ejecutaron obras hidráulicas mal diseñadas, sino que se han llevado a cabo acciones de dragado sin hacer una buena evaluación del territorio, lo que ha causado múltiples problemas, entre ellos las constantes inundaciones.

Asimismo, los procesos de llenado de las cuencas se alteraron por la intervención de pobladores de la zona y por la erosión que ocurre en la vertiente occidental de la Cordillera Oriental, a causa de la deforestación.

"Los habitantes han acabado con gran parte de la vegetación. Por eso, el material que se erosiona automáticamente corre hacia el río Lebrija y a todo el sistema hidráulico que alimenta las ciénagas del sur del Cesar. A su alta carga sedimentaria se suma, además, la del río Magdalena, y el problema se multiplica tres o cuatro veces más", asegura el geólogo.

La tasa de sedimentación promedio de una ciénaga en el Caribe puede ser de 0,1 a 0,2 cm por año, en cuanto a materiales arcillosos; pero la situación es tan alarmante en las ciénagas del sur del Cesar que se han estimado tasas de 3 cm por año. Incluso hay sectores en los que se conocen procesos de colmatación hasta de un metro por año.

Así pues, existen casos extremadamente preocupantes que involucran a poblaciones cercanas, como ocurre con Juncal y Vaquero y, especialmente, con El Congo, en donde la actividad humana y la exagerada tasa de sedimentación por año inevitablemente la llevarán a su desaparición en cuestión de veinte años, según los cálculos.

Sin planificación
El Decreto 1729 de 2002 obliga a la ordenación de las cuencas y a la ejecución de planes ambientales de manejo racional para la protección del recurso hídrico y del territorio. Sin embargo, la norma no se cumple.

El Gobierno ha permitido la ejecución de obras civiles que facilitan los procesos de colmatación, entre ellas la construcción de ferrocarriles que servían para transportar el carbón y que no eran compatibles con las dinámicas de los sistemas hidráulicos que allí funcionan. Las líneas férreas y los diques produjeron grandes lagunas y piscinas sedimentarias, por la falta de planificación en los diseños.

Por otra parte, existe el problema de la intervención del hombre, porque en épocas de sequía las ciénagas son invadidas por campesinos y terratenientes que aprovechan su estado para el pastoreo. En Gamarra y otras poblaciones del Caribe, el Gobierno invierte permanentemente en la restauración de las viviendas, a pesar de las reiteradas inundaciones. Sin pensar que la solución está, según los especialistas, en la reubicación de los pobladores.

Buscan solución
Un año y medio atrás, un grupo de investigadores de la UN, liderado por el profesor del Instituto de Ciencias Naturales Orlando Rangel, en asocio con Corpocesar, analizó las características de la zona en cuanto a biota, geología, geomorfología y evolución de las ciénagas.

Asimismo, estudió los procesos geológicos naturales que dieron origen a las ciénagas, con el fin de entender su maduración (sus tasas de sedimentación) y colmatación (la velocidad con la que se llenan). Entre los problemas más graves, se identificaron las vías férreas y las carreteras mal ubicadas, tuberías que no respetaron los drenajes y deficientes diseños hidráulicos.

"Gamarra está bajo el agua porque a las ciénagas de El Congo, Juncal y Vaquero les entran tres partes de agua y solamente una se evacúa. Además, a ellas ingresan entre 100 mil y 140 mil toneladas de sedimentos al año, una carga muy alta. Asimismo, presentan un problema muy grave, en cuanto a procesos de colmatación, e incluso, en algunos tramos, el agua alcanza a tapar completamente las casas, lo que ocasiona un problema social muy complicado", afirma.

Varias ciénagas del Cesar se están llenando al año hasta 3 cm y su periodo de vida se reduce ostensiblemente. "Hablamos de un periodo de existencia máxima de 100 o 150 años. Esto es muy grave porque hay comunidades que viven de la pesca en esos sitios", concluye Jaramillo.

Estos ecosistemas están prácticamente destinados a desaparecer. Por ello, se requiere la inmediata participación del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, "para salvar otras ciénagas del departamento, como Morales, Costilla y Zapatosa, en las que los problemas ambientales no revisten máxima gravedad", como lo asegura el biólogo Orlando Rangel, director del grupo de investigación.

Edición:

jueves, 20 de octubre de 2011

Cesar: la minería tiene un gran costo social y ambiental

ORIGINAL: Razón Pública
Domingo, 16 de Octubre de 2011

Alvaro Pardo
El contacto directo con el desastre ambiental a gran escala causado por la extracción de carbón en este departamento lleva al experto a pasar de la denuncia a la recomendación para que el nuevo Ministerio intervenga con medidas urgentes y de fondo. La locomotora minera se desbocó en el Cesar.

¡Ay hombe…!

Bordeado por la Serranía del Perijá y la Sierra Nevada de Santa Marta, el departamento del Cesar fue célebre antaño 
  • por su vocación agrícola —arroz y algodón— 
  • por levantar uno de los hatos ganaderos más importantes del país, 
  • por su riqueza hídrica, 
  • por las sucesivas bonanzas de marihuana y amapola en la década de los ochenta y 
  • obviamente por el festival vallenato. 

La rápida secuencia de transformaciones hasta alcanzar el desastre ambiental actual puede resumirse en las siguientes etapas:
  • La minería en pequeña escala —barbacheo de carbón— fue medio de subsistencia de centenares de familias, nativas unas y desplazadas otras por la violencia política de mediados del siglo XX.
  • Luego llegaron las primeras empresas medianas y comercializadoras de carbón.
  • A mediados de la década de los ochenta se instaló la Drummond.
  • Cuando la riqueza del subsuelo se mezcló con la ganadera y la marimbera en una auténtica bonanza, arreció la violencia desatada por las farc y el eln.
  • Durante los noventa, la dinámica de la mediana y gran minería de carbón se abrió paso veloz entre enormes latifundios y no pocos minifundios.
  • La vocación del suelo inició su mutación hacia grandes cultivos de palma.
Gracias a la industria extractiva, los ríos empezaron a estorbar y el aire a enrarecerse. Los campesinos, otrora trabajadores de las fincas o de sus propios terruños, iniciaron su peregrinación a los caseríos, para dar paso a cinturones de miseria típicos de las poblaciones establecidas en las fronteras de los enclaves mineros: los malleros. Las investigaciones y crónicas de finales de los noventa y buena parte de la primera década de este siglo confirman el fortalecimiento de grupos paramilitares en franco contubernio con representantes del poder económico y de la institucionalidad política del departamento.

La gran minería va en serio
En menos de veinte años, el destino de esta amplia región del centro del Cesar cambió. La maquinaria de la gran minería arrancó produciendo las primeras cicatrices sobre la tierra cultivable, mientras el gobierno central se limitaba a entregar títulos y licencias ambientales, y la comunidad y los ríos fueron arrinconados para abrirle paso a la locomotora minera. En los últimos diez años, la minería se amplió de tres a diez grandes proyectos mineros en el centro del departamento:
  1. Carbones de la Jagua,
  2. Consorcio Minero Unido (CMU),
  3. Carbones El Tesoro,
  4. Sororia – Drummond (Cerro Largo),
  5. Norcarbón S.A.,
  6. Carbones del Caribe S.A.,
  7. C.I.Prodeco / Glencore (Calenturitas y La Jagua),
  8. Drummond (La Loma y El Descanso),
  9. Emcarbón - Vale Coal (El Hatillo),
  10. Carbones del Cesar (La Francia).
La compañía MPX cuenta con varios títulos mineros en el norte del departamento y aunque no ha iniciado operaciones, desde ya existe preocupación por la suerte del río Cesar, afluente del Calenturitas, pues quedó incluido en los polígonos mineros. Se destaca que algunas de estas compañías han integrado sus operaciones, pero otras se oponen a hacerlo. Se sospecha que la decisión de no integrar los títulos mineros tiene que ver con evasión de regalías… Cerca del 50 por ciento del departamento está titulado y con las solicitudes por resolver ante el Instituto Colombiano de Geología y Minería (INGEOMINAS) fácilmente será convertido en minería de carbón entre un 70 y un 80 por ciento del departamento.

MAPA DE TITULOS Y SOLICITUDES EN EL DEPARTAMENTO DEL CESAR
Rojo: Títulos Mineros.
Azul: Solicitudes mineras

El transporte del carbón genera contaminación del aire. – Polvillo de carbón acumulado en las vías.
Autoridad central y regiones
“El Estado no protege el territorio, pero tampoco permite que las regiones lo hagan. Entregan títulos mineros sin importar los parques nacionales, los ríos o demás zonas protegidas; y para completar, la autoridad ambiental, que le quitó todas las competencias a Corpocesar en el 2007, viene a hacer fiscalización una o dos veces al año, ellos tampoco saben qué está pasando con el territorio”, dijo Margarita Rosa Córdoba, Secretaria de Desarrollo y Gestión Minera de la Gobernación.

No existe ninguna comunicación o coordinación entre el Ministerio de Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial (MAVDT) y la Corporación Autónoma Regional del Cesar (Corpocesar). “Alguna vez quisimos, con la Gobernación, hacer seguimiento a los Planes de Manejo Ambiental de las compañías mineras, y de Bogotá nos contestaron que esa no era nuestra competencia y nos tuvimos que quedar quietos, viendo cómo nuestros recursos naturales y servicios ambientales se deterioran día a día”, agregó Wilson Perez, funcionario de Corpocesar.

Midiendo el daño
La inexistencia de estudios oficiales para fijar líneas de base no permite contrastar la situación actual del departamento con el estado previo al auge minero y analizar, más allá de los estudios propios de las empresas mineras y sus brochures, lo que real y objetivamente ha sucedido con las aguas superficiales y subterráneas, la flora y fauna nativa, los promontorios del valle que no se volverán a ver, la calidad de los suelos y del aire.

Así, mientras la descoordinación campea, los pocos estudios realizados revelan que 
  • el 14 por ciento de los ecosistemas del departamento han sido afectados por la gran minería y que 
  • el 71 por ciento de las solicitudes mineras que reposan en Ingeominas afectarían otro 85 por ciento de los ecosistemas [1]. 
El recurso hídrico ha sido el elemento más afectado por el cultivo de palma y la gran minería. Expertos señalan casos de manejo inadecuado de las aguas dentro de las minas, bombeo y vertimiento en fuentes naturales que contribuyen a
  • su contaminación; 
  • afectación de rondas, cauces y redes de drenaje, 
  • desaparición de cuerpos de agua, como ciénagas y quebradas, y 
  • el desvío de ríos de acuerdo con las necesidades de las grandes compañías mineras.

Los más viejos recuerdan las corrientes de los ríos Tucuy, Sororia y el Calenturitas, este último reubicado varias veces con licencia del MAVDT, pero al antojo de estas compañías, con tan dudosa destreza técnica que actualmente sostienen un grave conflicto con cultivadores de palma, pues el desvío del río dejó sin agua a las bocatomas construidas para regar los cultivos, como los de Palmeras La Alamosa.

Ríos secos - El déficit de agua para los cultivos de palma será una nueva fuente de conflicto.
“El agua contaminada deteriora la calidad del suelo, el clima, la flora y fauna y las actividades antrópicas”, señala un estudio del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (IDEAM). Uno de los coordinadores de la mesa de trabajo de La Jagua de Ibirico, Miguel Rivero Camacho, dijo que los ríos ya no tienen los peces de antes y que donde hay posibilidades de pescar, las compañías mineras prohíben que las comunidades lo hagan.

Medidas urgentes, conflictos sin resolver
Debajo de la intrincada situación ambiental, económica y social de los municipios del área de influencia minera, se esconden conflictos no resueltos que ameritan tomar decisiones enérgicas y urgentes:
  • suspender hasta nueva orden la concesión de títulos mineros,
  • contratar una auditoría internacional que evalúe los impactos ya causados por la industria extractiva,
  • exigir a las compañías la debida compensación por las externalidades negativas que acarrea su operación, y
  • abrir el espacio para que los cesarenses puedan pronunciarse sobre el futuro de su territorio a través de una audiencia pública socio-ambiental.

El impacto ambiental y social ha sido conocido por organismos del Estado, por expertos y en parte dado a conocer por los medios de comunicación, pero poco o nada se ha avanzado en resolver los conflictos entre el poder central invasivo y la autonomía de las regiones, por una parte, y por otra, entre las políticas minera y ambiental.

Estos conflictos se han visto exacerbados por la arrogancia de la gran minería en ese departamento y la enorme incapacidad de la dirigencia local para transformar una bonanza de recursos en bienestar social.

Una minería racionalmente planificada en el marco del desarrollo sostenible implica modificar la actual orientación de la política minera para armonizarla con las preocupaciones ambientales de la sociedad local.

La minería en Colombia no debe regirse por un régimen ambiental específico, como el establecido por la Ley 685 de 2001 (Código de Minas), sino que debe sujetarse, como cualquier otra actividad económica, a la política general contenida en la Ley 99 de 1993 y sus normas reglamentarias.

La creación del nuevo Ministerio de Ambiente, las nuevas normas ambientales en camino y la reforma al Código de Minas constituyen una oportunidad para ordenar la casa y llevar a la minería por el camino de la responsabilidad ambiental y social.

La locomotora minera arrancó en el departamento del Cesar mucho antes de que fuese elevada a esa categoría por el presidente Santos. Hoy, tras una visita de campo que permitió conocer en directo la situación de la zona minera, la penosa realidad se sobrepone al borroso discurso del gobierno y de las compañías mineras.

Lo único que crece en el Cesar es la gran minería, pero la preservación del medio ambiente y el desarrollo social no están en la agenda de nadie.
Los impactos de la gran minería desbordan el ámbito local. Montañas de estériles en El Hatillo.
(En una segunda parte de este artículo, me ocuparé de ampliar las implicaciones sociales e institucionales de la gran minería en el Cesar).

*Director de Colombia Punto Medio