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sábado, 30 de marzo de 2013

Extracted Oil And Gas Wastewater Causing Earthquakes?

March 29, 2013


A 2011 magnitude 5.7 quake in OK, linked to wastewater injection, buckled US Highway 62. (Credit: John Leeman)
After pulling massive amounts of fossil fuels out of the Earth’s crust so we can burn it up into our atmosphere, we have a good sense of where the stuff goes. Our oceans. A global greenhouse. Our lungs. But what happens to the ground formerly occupied by those fossil fuels?

It’s becoming increasingly clear that oil and gas extraction processes are actually weakening the structural integrity of the Earth’s crust just enough to cause more frequent earthquakes, in places not used to them.

Oklahoma, for instance, is not known for earthquakes. Yet the central U.S. has seen an elevenfold jump in recent years, including the Sooner State’s largest earthquake on record. This 5.7-magnitude quake occurred on November 6, 2011 near Prague, Oklahoma. And research published yesterday in Geology from the University of Oklahoma, Columbia University, and the U.S. Geological Survey has made a direct connection to the disposal of wastewater from conventional oil production:

A new study in the journal Geology is the latest to tie a string of unusual earthquakes, in this case, in central Oklahoma, to the injection of wastewater deep underground. Researchers now say that the magnitude 5.7 earthquake near Prague, Okla., on Nov. 6, 2011, may also be the largest ever linked to wastewater injection. Felt as far away as Milwaukee, more than 800 miles away, the quake — the biggest ever recorded in Oklahoma — destroyed 14 homes, buckled a federal highway and left two people injured. Small earthquakes continue to be recorded in the area.

The recent boom in U.S. energy production has produced massive amounts of wastewater. The water is used both in hydrofracking, which cracks open rocks to release natural gas, and in coaxing petroleum out of conventional oil wells. In both cases, the brine and chemical-laced water has to be disposed of, often by injecting it back underground elsewhere, where it has the potential to trigger earthquakes. The water linked to the Prague quakes was a byproduct of oil extraction at one set of oil wells, and was pumped into another set of depleted oil wells targeted for waste storage.

As Climate Progress has written before, this practice of disposing chemical-laced water generated during the extraction of oil and gas has far-reaching effects. Drillers have been doing this for more than a decade, and the researchers note that the Oklahoma quake did not actually require very much wastewater. In fact, because we have been doing this for so long, the built-up pressure in the Earth’s crust changes the criteria of how quakes happen. The study’s abstract notes:

Significantly, this case indicates that decades-long lags between the commencement of fluid injection and the onset of induced earthquakes are possible, and modifies our common criteria for fluid-induced events.

So we could be paying for more than a decade of wastewater injection and fracking for quite some time with earthquakes. There’s not much more room 9,000 feet down. Wellhead records indicate that pressure in these areas underground increased by a factor of ten from 2001 to 2006.

Fracking usually receives more attention for seismic activity than wastewater injection. Ohio banned fracking “to stop the ground from shaking.” But it’s the whole process of drilling (oil and gas), fracking, and then disposal that contributes to the problem.

A tanker truck prepares to leave OH Water plant that removes metals and chemicals from fracking wastewater. (Photo: Scott Galvin)
Can we stop doing this? Recycling the wastewater is cheaper, and more and more gas companies have started contracting out to do just that. But as Ohio Department of Natural Resources officials note, it’s hard to track where this water goes because it is not regulated. This is rather important because the water is laced with toxic metals, dangerous chemicals, and radium. Recycling companies say the waste ends up in landfills.

So the two options are to either inject it back down in the ground where it lubricates fault lines enough to cause earthquakes in Oklahoma and Ohio, or hope that radium doesn’t leak out of landfills.

Renewable fuels sound better and better the more we learn about enhanced drilling for unconventional oil and gas.

Authored by:
Joe Romm is a Fellow at American Progress and is the editor of Climate Progress, which New York Times columnist Tom Friedman called "the indispensable blog" and Time magazine named one of the 25 "Best Blogs of 2010." In 2009, Rolling Stone put Romm #88 on its list of 100 "people who are reinventing America." Time named him a "Hero of the Environment″ and “The Web’s most influential ...

viernes, 4 de mayo de 2012

Japón enfrenta un apagón nuclear a partir de este fin de semana

ORIGINAL: BBC
Roland Buerk BBC, Japón

Planta nuclear de Kashiwazaki-Kariwa
Este fin de semana el último reactor de la planta de Kashiwazaki-Kariwa será apagado. En total son 54 reactores fuera de servicio en todo el país.


Este fin de semana será apagado para su mantenimiento el último reactor nuclear de Japón que está operativo.


Está ubicado en la planta atómica de Kashiwazaki-Kariwa, una instalación que fue construida cuando el archipiélago asiático creía profundamente en un futuro alimentado por la energía nuclear.


En esa planta termonuclear hay siete reactores en total que dan al mar y que se conectan a largos tendidos eléctricos que terminan en Tokio, muy lejos, al otro lado del país.


Estos reactores proveen hasta un quinto de las necesidades de la gran metrópolis y áreas adyacentes.


Dentro del centro de visitas hay un certificado del Libro de Récords Guinnes que confirma que es la mayor planta atómica generadora de energía en todo el mundo.


Por lo pronto, ahora no es algo más que una instalación sumamente costosa.


Gran empleador


En la sala de control principal, bajo un reloj, el medidor que indica la energía eléctrica producida muestra cero.


La planta Kashiwazaki-Kariwa está fuera de servicio y este reactor nuclear, el último de los 54 que existen en Japón, será completamente apagado este fin de semana.


Antes del terremoto y tsunami del 11 de marzo de 2011, la energía nuclear representaba el 30% de las necesidades eléctricas del país.


Ahora, la importación de gas natural licuado y petróleo se ha incrementado para compensar.


La ciudad de Kashiwazaki ahora enfrenta las mismas opciones de otras comunidades locales dependientes de plantas nucleares que están entre la necesidad de fuentes de trabajo y el temor de ser golpeados por un desastre, tal como el que afectó a los habitantes de Fukushima. La planta atómica es un gran empleador: hasta 10.000 personas, incluidos contratistas, trabajan allí cada día.

Hay limitadas oportunidades de empleo en áreas vecinas.

Reactor de la planta de Fukushima
Aún se desconocen las consecuencias a largo plazo que tendrá el accidente en la planta de Fukushima tras el tsunami de marzo de 2011.
No hay otras industrias importantes y la calle principal es ocupada casi en su totalidad por el centro comercial Tepco Plaza, siglas de la Tokyo Electric Power Company, el principal benefactor de la ciudad.

Confianza comprometida

"Hemos coexistido con la planta nuclear y dábamos como un hecho que era segura", dice el alcalde Hiroshi Aida.

"Sin embargo, con el accidente nos dimos cuenta que no era así. Por ello no podemos estar confiados en que la planta es absolutamente segura".

"Tenemos que pensar en eso como ciudadanos de esta ciudad. Esa es la mayor preocupación que tenemos. Nuestra confianza hacia el gobierno y hacia la gente que hace funcionar la planta se ha quebrado".

Shiro Arai, subgerente en la planta, asegura que la seguridad era el pilar fundamental de la instalación.

"El objetivo de la planta es generar energía eléctrica, pero nuestra compañía es responsable por la planta de Fukushima, donde ocurrió el accidente", indicó.

"Por encima de todo, lo más importante para una planta atómica es la seguridad. Es lo primero antes que operar la planta".

"Todos pensamos lo mismo".

El gobierno, consciente de los desafíos energéticos que enfrenta el país, ha estado trabajando sin descanso para lograr recuperar la confianza.

Hasta ahora las plantas nucleares han estado sometidas a una serie de pruebas, diseñadas para determinar su resistencia a desastres naturales como terremotos y tsunamis.

Altos funcionarios del gobierno han viajado incluso para mantener conversaciones con las autoridades locales sobre la manera de reiniciar las operaciones.

Sin embargo, no han podido evitar lo que pasará este fin de semana, que el último reactor nuclear quede fuera de servicio en la isla de Hokkaido para un mantenimiento de rutina antes de ser reactivado.

Japón quedará completamente sin energía nuclear por primera vez en 40 años.

Se necesita energía barata

Un dramático incremento de las importaciones de gas y otros combustibles fósiles ayudó el año pasado a colocar al país en el mayor déficit comercial.

Nunca antes la terminal de gas en la Bahía de Tokio estuvo tan ocupada.

Esto ha permitido que Japón evite apagones, pero a un alto precio: la electricidad para las empresas se ha vuelto extremadamente costosa.

"La economía japonesa depende de un inmenso y avanzado sector manufacturero que necesita energía barata", asegura Yu Nagatomi, del Instituto de Economía Energética de Japón.

"El sector industrial podría estar preocupado por el hecho de que la situación hace difícil producir sus materiales en el país, de manera doméstica. Podrían estar pensando que la mejor manera de seguir en el negocio es salir de Japón".

En la planta de Kashiwazaki-Kariwa están construyendo nuevas murallas en el mar, lo suficientemente grandes -aseguran- para contener un posible tsunami.

Sin embargo, los japoneses creían que la planta nuclear de Fukushima era segura, hasta que el tsunami la destruyó.

Akihiro Harko, uno de los trabajadores en la planta de Fukushima, quien luchó durante días para controlar la crisis tras el tsunami, afirmó que la lección tenía que aprenderse antes de recuperar la confianza.

"Durante 40 años hemos estado manejando nuestras plantas atómicas de forma segura. Creemos que ayudamos a surtir de energía al país".

"Pero hubo un lamentable accidente. Los operadores dentro y fuera del país necesitan aprender de él para operar las plantas de manera segura. Y si queremos que exista energía nuclear en Japón, creo que necesitamos discutirlo ampliamente en el futuro".

Convencer ahora a la gente no será fácil.


Los peores incidentes nucleares
  • Nivel 7: Chernobyl, Ucrania, 1986 - explosión e incendio en un reactor operativo, fuga radioactiva sobre miles de kilómetros cuadrados. 4.000 posibles casos de cáncer.
  • Nivel 7: Fukushima, 2011 - terremoto y tsunami dañan los reactores. Efectos a largo plazo desconocidos.
  • Nivel 6: Kyshtym, Rusia, 1957 - explosión en un tanque de desechos lleva a cientos de casos de cáncer y contaminación sobre cientos de kilómetros cuadrados.
  • Nivel 5: Windscale, Reino Unido, 1957 - incendio en un reactor operativo, contaminación en un área local. Posibles 240 casos de cáncer.
  • Nivel 5: Three Mile Island, EE.UU., 1979 - falla instrumental lleva a la fundición de un reactor. Daño severo al núcleo del reactor.



lunes, 30 de abril de 2012

Tsunami-fearing city looks to animals for warning signs

ORIGINAL: ASAHI AJW
By SHOJI NOMURA/ ASAHI SHIMBUN WEEKLY AERA
May 01, 2012
Naoyuki Yada, associate professor at the Kanagawa Institute of Technology, monitors cats for warning signs of a large earthquake in Atsugi, Kanagawa Prefecture. (Yuki Yamamoto)
SUSAKI, Kochi Prefecture--Feeling vulnerable to a catastrophe, this coastal city on the island of Shikoku will monitor fish, chickens and other animals for signs of a huge earthquake that could spawn a monster tsunami.

The Susaki city government is following the long-held idea that animals can sense impending disaster. The city said April 5 that it will release details of the monitoring of the animals to the public, but it will not issue evacuation orders based only on their behavior.


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The city’s decision to regularly monitor animal behavior for possible earthquakes came after the central government released its disaster forecast in March.

According to the forecast, Susaki could be hit by a tsunami as high as 23.9 meters if a powerful earthquake strikes with its epicenter around the Nankai Trough, which runs just off the island. The city, with a population of about 25,000, is prepared for only a 7-meter-high tsunami.

(Records showed that such earthquakes have struck the region in 1707, 1854 and 1946.)

After the Great East Japan Earthquake rocked the Tohoku region on March 11 last year, a 3.2-meter-tall tsunami hit Susaki, the highest in western Japan.

The city’s planned animal-monitoring project was announced after a researcher of structural geology who surveyed Shikoku suggested the step at a meeting of the city’s disaster task force in early April.

“I believe we should not dismiss such a measure even if it has not been scientifically proved to be associated with earthquakes,” said Yoshihito Myojin, the deputy mayor who heads the task force. “We are going to flesh out details of the project to minimize the deaths from tsunami to close to zero.”

The monitoring also involves checking underground water levels.

For centuries in Japan, strange animal behavior and other unusual occurrences have been reported before major earthquakes. They are known as macroscopic anomalous phenomena.

Well-known examples include catfish swimming erratically, rats running wild and wells drying up.
Catfish's activities are recorded with an infrared ray sensor. (Yuki Yamamoto)
China is a frontrunner in research intended to establish links between animal behavior and seismic activity, mainly at the Chinese Academy of Sciences, the nation’s top research center, and a wild animal zoo at Peking University in Beijing.


But reports about unusual animal behavior and events have never drawn serious attention from Japanese scientists. They say such incidents constantly occur, regardless of an earthquake.

That perception changed somewhat after the magnitude-7.3 Great Hanshin Earthquake struck the Kobe area on Jan. 17, 1995, killing more than 6,000 people.

After that temblor, numerous reports were provided by people who said they witnessed precursors of the quake.

A book titled “Zencho Shogen 1,519!” (Testimonies of precursors 1,519) authored by Kiyoshi Wadatsumi, professor emeritus at Osaka City University and a geologist, was published in September 1995, carrying about 3,000 such anecdotes. Among them are 1,519 cases reported by citizens in response to Wadatsumi’s request made through the media.

Reports related to living creatures totaled 781--324 about mammals, 281 about birds, 93 about fish, 40 about reptiles and 43 about insects.

The first accounts occurred about a month before the quake and the number peaked on Jan. 16, according to the book.

The episodes include:

  • a normally quiet dog barking three hours before the temblor and digging a hole under a fence in the garden to escape (a resident in Kobe’s Nishi Ward); 
  • two pet frogs kept indoors emerging from hibernation and making croaking sounds three days before the quake (a resident in Osaka’s Higashi-Yodogawa Ward); 
  • 10 eggs that were laid on Jan. 12 and bought at a supermarket, each containing two yolks (a resident in Osaka’s Higashinari Ward); 
  • hundreds of mullets measuring about 30 centimeters each swimming up the Akashi river in Hyogo Prefecture on Jan. 15 (a resident in Akashi, Hyogo Prefecture).

The Susaki municipal government is not the only local government in Japan looking at animals for warning signs.

Shizuoka Prefecture began a similar project in 1996, soliciting information from the public through its website. Prefectural officials have yet to decide if they will use the data for disaster countermeasures.

The central government said there is an 88-percent likelihood that a Tokai earthquake, expected off the prefecture and the surrounding area, will strike within the next 30 years.

Some researchers speculate that animals behave differently before disasters because they can detect rising ion levels and changes in electromagnetic waves in the atmosphere that result from tectonic activities. Or they may be able to sense changes in electric currents running deep inside the Earth.

Although macroscopic anomalous phenomena is not considered a serious science, some are continuing their research.

“At this stage, we have no counterargument to arguments that it is just a coincidence,” said Naoyuki Yada, associate professor of thermal engineering and earthquake prediction at the Kanagawa Institute of Technology in Atsugi, Kanagawa Prefecture. “But it seems all animals, including humans, are equipped with the ability to sense a big vicissitude in the environment.”

In his lab, Yada keeps two cats, a black one and a white one, with pedometers around their necks to monitor their activities.

They are usually docile, with pedometer readings of only dozens of steps a day.

But they displayed unusual behavior on March 9 last year, two days before the magnitude-9.0 earthquake struck northeastern Japan.

The count was nearly 400 for the white cat and around 500 for the black cat, even though they had been put in a cage that day.

When an aftershock measuring an upper 5 on Japan’s seismic scale of 7 shook Chiba Prefecture on the night of March 14, the counts for the white cat and black cat were 319 and 251, respectively.

Lungfish, goldfish, catfish and rats in the lab, which are observed with infrared ray sensors, were found dozens of times more active than usual.

Yada started studying animals for possible precursors 18 years ago. He conducted research under Wadatsumi, who died in January 2011.

Yada’s research found that the chances of an earthquake occurring within three days after cats showed erratic behavior, which is defined as more than 300 counts, are 64 percent for the white cat and 74 percent for the black cat.

Catfish’s accuracy rate tops 80 percent when at least 200 counts were recorded. Fish activity is counted each time it crosses the place where an infrared ray sensor was installed in the tank.

“The only way for us to lead to successful earthquake prediction through animals is to discover regularities by accumulating data piece by piece,” he said. “We are still in a stage before that.”

Yada this year began a project to send free kits to raise catfish to junior high and senior high schools across Japan to create a network of observation points.

He plans to release details of the monitoring activities on the Internet.

Since 1965, the central government has spent about 300 billion yen (3.7 billion) on research for earthquake predictions. But it has so far failed to produce tangible results.

By SHOJI NOMURA/ ASAHI SHIMBUN WEEKLY AERA

domingo, 11 de marzo de 2012

Los misterios de Fukushima

ORIGINAL: RT
12 de marzo 2012 | 06:25

Foto: Google Earth
Cuando hace un año, Japón se vio golpeado por un terremoto enorme de magnitud 9 seguido de un devastador tsunami que destruyó gran parte de Fukushima en la Isla Honshu, pocas personas comprendieron en aquel momento que serían las explosiones de los reactores de la planta nuclear Dai-Ichi las que generarían verdadera preocupación global. No solo desde el punto de vista de la seguridad nuclear, sino también por haber indicios de serias derivaciones políticas de este accidente, que ha demostrado ser mucho más grave que el evento de Chernóbyl en la ex-URSS en 1986.

Ya se han registrado preocupantes niveles de radioactividad en distintas partes del Japón y en la región del Pacífico, a medida que la contaminación fue arrastrada por los vientos, el agua y penetró en suelos y napas de agua, afectando sembrados, localidades, alimentos, instalaciones industriales y sus productos de exportación. Las explosiones de la planta Dai-Ichi también descargaron toneladas de desechos radioactivos en el Océano. Luego de un año, aún prevalecen muchos puntos oscuros sobre este evento catastrófico
Foto: Google Earth

En un interesante artículo publicado en la revista estadounidense-japonesa 'Hyphen', titulado “El mundo se encuentra impotente ante la contaminación de Fukushima”, el ex-director general del 'The Japan Times Weekly' y consultor en materia de lucha contra los efectos de la radiación, Yoichi Shimatsu, explica que puede que detrás del desastre de Fukushima se oculten más cosas de lo que aparecen a primera vista.    

Por ejemplo, existen rumores que señalan un potencial encubrimiento al máximo nivel decidido a minimizar la verdadera gravedad de este desastre nuclear. En consonancia con los intereses del lobby favorable a la energía nuclear, la información y el debate sobre este caso han quedado mayormente paralizados. Sin embargo, la opinión pública japonesa y mundial manifiesta creciente preocupación ante la falta de información clara y oportuna, tanto de las autoridades japonesas como de entes internacionales acerca del verdadero alcance de la contaminación.

Fukushima es un ejemplo de masivo ocultamiento por los medios de difusión occidentales en torno al verdadero peligro para la población, especialmente en la zona del Pacífico Norte desde Japón hasta Norteamérica.

En su artículo, Shimatsu señala que “no se está debatiendo con precisión sobre los peligros a la salud pública mundial dado que los gobiernos se encontrarían imposibilitados ante la monstruosidad nuclear que han creado. Luego de asegurarle al mundo durante décadas que la energía nuclear no es peligrosa, ahora queda demostrado que las cosas no son así, tras los efectos inesperados luego del colapso de los reactores en marzo 2011, abriéndose así una caja de Pandora que supera la imaginación de los científicos de las grandes corporaciones y los ingenieros burócratas, quienes ahora solo reaccionan con un silencio confuso”.

Luego, señala que los desafíos incluyen “una creciente amenaza a la salud reproductiva humana consecuencia de la ingestión de isótopos radioactivos provenientes de alimentos, agua potable y la respiración, que resultarán en abortos masivos y una declinación poblacional en Japón, tendencia que podrá extenderse a nivel mundial”, y que incluiría “mutaciones de patógenos contagiosos tales como la gripe aviaria, dados los desordenes genéticos tanto en microorganismos como en especies portadoras que ocasionará, incluyendo en  animales domésticos y vida silvestre”.

Pero existen otros aspectos preocupantes provenientes de la catástrofe de Fukushima que estarían siendo silenciados. Por ejemplo, el entonces primer ministro japonés Naoto Kan jamás aclaró por qué razón impuso un hermetismo total en torno a las primeras reuniones de su gabinete de emergencia, ni porqué su gobierno ordenó al operador de Dai-Ichi, la Tokyo Electric Power Company (TEPCO) que no abandonara el reactor No.1 luego de las explosiones del 15 de marzo, que se supo fue para evitar reacciones en cadena, según indica una investigación realizada por la entidad Rebuild Japan Initiative Foundation.

Este tipo de secretismo de máximo nivel junto con el contenido peligrosamente elevado detectado en distintos lugares del isótopo Cesio-137 (y 134) como en la ciudad de Osaka a 600 kilómetros de distancia (niveles 100 veces mayores que los normales, según un informe del Instituto de Salud Pública de Osaka del 19 de mayo de 2011), señalarían que el reactor Fukushima No. 1 podría haber sido utilizado para reprocesar uranio de calidad militar.

De demostrarse la veracidad de esto, ello conformaría una clara violación por Japón del tratado de No Proliferación de Armas Nucleares, en cuyo caso se esperaría que la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) a cargo del japonés Yukiya Amano y los gobiernos de EE. UU. y Reino Unido, al menos investigarían y procurarían levantar el velo sobre estos puntos oscuros. Pero, no: pareciera que todos están demasiado ocupados en inventar pruebas sobre la inexistente amenaza nuclear iraní. La AIEA, en su postura muy favorable a los intereses de EE. UU., Reino Unido y sus aliados, apenas si ha prestado alguna atención a lo que ocurre en Fukushima.

Según fuentes anónimas dentro de la agencia de no proliferación de EE. UU., se sospecha de la existencia de uranio altamente radioactivo que correspondería a ojivas nucleares norteamericanas desmanteladas y almacenadas en piletones de combustible gastado en Fukushima, pudieron haberse encendido luego que el terremoto dejara fuera de servicio las bombas de agua.   La serie de detonaciones que ocurrió no permitió que los equipos de reparación pudieran acceder a los controles del núcleo del reactor, que eventualmente se derritió perforando sus cámaras de contención, lo que hizo que tomara contacto directo con el suelo debajo del mismo. Buena parte de ese material nuclear enriquecido provendría de los arsenales militares de EE. UU., según un acuerdo secreto del año 2006 entre los gobiernos de George W. Bush y Shinzo Abe de Japón.

Los operarios de emergencia en la planta también informaron que recientemente se le habría reinstalado al supuestamente vacio reactor No. 4 una nueva cobertura de acero por su constructor General Electric (GE). encontrándose totalmente cargado con nuevas varillas de combustible. A su vez, los dos reactores adicionales habrían sido utilizados para operaciones clandestinas de enriquecimiento de uranio previo a su extracción.

Según Shimatsu, las empresas Hitachi Electric y Honeywell estarían en sociedad para desarrollar un sistema de laser-plasma para extraer plutonio y uranio de alta pureza. Estas corporaciones, junto con la GE (EE. UU.), GEC (Reino Unido), y otras, operan en red y conforman un lobby favorable a la industria de la energía nuclear, cuyos principales nódulos a lo largo de las últimas seis décadas han incluido al Ministerio de Economía, Comercio e Industria del Japón –un verdadero estado dentro del Estado japonés– al Partido Demócrata Liberal y a los departamentos de Estado y de Defensa de EE. UU. Todos, a su vez, coordinados a través de altos directivos y funcionarios de gobierno que son miembros de la poderosa Comisión Trilateral de Rockefeller/Rothschild.

De comprobarse la existencia de algún tipo de colaboración encubierta en programas de armas nucleares entre Washington y Tokio, ello conformaría una violación abierta de tratados internacionales y del Tratado Estadounidense-Japonés de Seguridad por el cual Japón permite bases militares estadounidenses en su territorio a cambio de protección norteamericana bajo su “paraguas nuclear”.

En tal caso estaríamos ante otro caso de doble discurso por parte de las potencias occidentales en materia nuclear, lo que no habrá de sorprender toda vez que se tenga en cuenta el apoyo secreto que desde hace décadas brinda EE. UU. al desarrollo del programa militar nuclear de Israel, tolerando incluso que dicho Estado no firme el Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares.

¿Qué misterios se ocultan detrás de Fukushima? ¿Qué secretos inconfesables ocultan GE, GEC, TEPCO, Hitachi, Honeywell y los gobiernos japonés y estadounidense en este tema? 

Pareciera que se necesita unir los puntos más apartados e improbables para formarnos una imagen correcta de esta realidad…

Adrian Salbuchi para RT en Español

Adrian Salbuchi es analista político, autor, conferencista y comentarista en radio y TV de Argentina. www.asalbuchi.com.ar