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sábado, 30 de marzo de 2013

Extracted Oil And Gas Wastewater Causing Earthquakes?

March 29, 2013


A 2011 magnitude 5.7 quake in OK, linked to wastewater injection, buckled US Highway 62. (Credit: John Leeman)
After pulling massive amounts of fossil fuels out of the Earth’s crust so we can burn it up into our atmosphere, we have a good sense of where the stuff goes. Our oceans. A global greenhouse. Our lungs. But what happens to the ground formerly occupied by those fossil fuels?

It’s becoming increasingly clear that oil and gas extraction processes are actually weakening the structural integrity of the Earth’s crust just enough to cause more frequent earthquakes, in places not used to them.

Oklahoma, for instance, is not known for earthquakes. Yet the central U.S. has seen an elevenfold jump in recent years, including the Sooner State’s largest earthquake on record. This 5.7-magnitude quake occurred on November 6, 2011 near Prague, Oklahoma. And research published yesterday in Geology from the University of Oklahoma, Columbia University, and the U.S. Geological Survey has made a direct connection to the disposal of wastewater from conventional oil production:

A new study in the journal Geology is the latest to tie a string of unusual earthquakes, in this case, in central Oklahoma, to the injection of wastewater deep underground. Researchers now say that the magnitude 5.7 earthquake near Prague, Okla., on Nov. 6, 2011, may also be the largest ever linked to wastewater injection. Felt as far away as Milwaukee, more than 800 miles away, the quake — the biggest ever recorded in Oklahoma — destroyed 14 homes, buckled a federal highway and left two people injured. Small earthquakes continue to be recorded in the area.

The recent boom in U.S. energy production has produced massive amounts of wastewater. The water is used both in hydrofracking, which cracks open rocks to release natural gas, and in coaxing petroleum out of conventional oil wells. In both cases, the brine and chemical-laced water has to be disposed of, often by injecting it back underground elsewhere, where it has the potential to trigger earthquakes. The water linked to the Prague quakes was a byproduct of oil extraction at one set of oil wells, and was pumped into another set of depleted oil wells targeted for waste storage.

As Climate Progress has written before, this practice of disposing chemical-laced water generated during the extraction of oil and gas has far-reaching effects. Drillers have been doing this for more than a decade, and the researchers note that the Oklahoma quake did not actually require very much wastewater. In fact, because we have been doing this for so long, the built-up pressure in the Earth’s crust changes the criteria of how quakes happen. The study’s abstract notes:

Significantly, this case indicates that decades-long lags between the commencement of fluid injection and the onset of induced earthquakes are possible, and modifies our common criteria for fluid-induced events.

So we could be paying for more than a decade of wastewater injection and fracking for quite some time with earthquakes. There’s not much more room 9,000 feet down. Wellhead records indicate that pressure in these areas underground increased by a factor of ten from 2001 to 2006.

Fracking usually receives more attention for seismic activity than wastewater injection. Ohio banned fracking “to stop the ground from shaking.” But it’s the whole process of drilling (oil and gas), fracking, and then disposal that contributes to the problem.

A tanker truck prepares to leave OH Water plant that removes metals and chemicals from fracking wastewater. (Photo: Scott Galvin)
Can we stop doing this? Recycling the wastewater is cheaper, and more and more gas companies have started contracting out to do just that. But as Ohio Department of Natural Resources officials note, it’s hard to track where this water goes because it is not regulated. This is rather important because the water is laced with toxic metals, dangerous chemicals, and radium. Recycling companies say the waste ends up in landfills.

So the two options are to either inject it back down in the ground where it lubricates fault lines enough to cause earthquakes in Oklahoma and Ohio, or hope that radium doesn’t leak out of landfills.

Renewable fuels sound better and better the more we learn about enhanced drilling for unconventional oil and gas.

Authored by:
Joe Romm is a Fellow at American Progress and is the editor of Climate Progress, which New York Times columnist Tom Friedman called "the indispensable blog" and Time magazine named one of the 25 "Best Blogs of 2010." In 2009, Rolling Stone put Romm #88 on its list of 100 "people who are reinventing America." Time named him a "Hero of the Environment″ and “The Web’s most influential ...

sábado, 30 de junio de 2012

Colombia: 45% de vehículos a gas natural "rajados" en emisión de gases



El estudio sobre emisiones vehiculares fue realizado por el Banco Mundial y la UN. Fotos: Unimedios. 

Bogotá D. C., Jun. 29 de 2012 - Agencia de Noticias UN- Un estudio realizado por el Banco Mundial y la UN, arroja esta alarmante cifra y determina que no se están realizando las mediciones con la tecnología adecuada.

Los centros de diagnóstico automotor (encargados de emitir los Certificados de Revisión Técnico Mecánica) y las autoridades ambientales están midiendo con equipos que no están autorizados, regulados y verificados”, explicó Helmer Acevedo, profesor del Departamento de Ingeniería Mecánica y Mecatrónica de la UN e integrante del equipo que realizó investigación.

Para superar la situación, el estudio Evaluation of methods and equipment to measure vehicular emissions through static testing and determination of maximum permissible limits for mobile sources, recomienda, entre otras medidas, “crear un centro de medición de emisiones a cargo del Gobierno colombiano cuya función sea, entre otras, ejercer el cumplimiento de normas ambientales de vehículos”.

En cuanto a la opacidad (cantidad de humo negro) que están emitiendo los vehículos de servicio público y carga, la investigación muestra que los niveles contaminantes siguen siendo altos. “Existe una gran informalidad. La mayoría de estos automotores tienen tecnología obsoleta. Además, tienen serios problemas en el tema de mantenimiento”, dijo el ingeniero Acevedo.

De hecho, agregó el investigador, “Medellín tiene niveles de emisión de humo negro más bajos, si se compara con Cali o Barranquilla. La razón es que el mantenimiento de los vehículos es muchísimo mejor en la capital de Antioquia que en las otras dos ciudades.

La investigación, que tomó datos en Barranquilla, Cali, Medellín y Bucaramanga, será uno de los insumos que utilizará el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible en las mesas de trabajo que se reunirán para diseñar normas que puedan subsanar los problemas encontrados. Un tema importante, por ejemplo, serán los nuevos límites de opacidad que regirán en Colombia a partir del año entrante.

El estudio, con una duración de siete meses, tenía tres grandes objetivos:

  1. el primero, adelantar una revisión bibliográfica sobre cuáles son las nuevas tendencias mundiales en la medición de emisiones para vehículos convertidos a gas natural y que funcionan con biocombustibles. “Hicimos una revisión bibliográfica y determinamos cuáles eran los mejores equipos y cómo estaba nuestra normatividad nacional en el contexto internacional”, dijo Acevedo.
  2. En segundo lugar, revisar cómo se está haciendo la tarea de expedir los certificados de emisiones de los vehículos. 
  3. Y, finalmente, efectuar una medición de 1.500 vehículos de diésel o ACPM en todo el país. 

(Por:Fin/cehd/clc/sup)

N° 678

H

viernes, 4 de mayo de 2012

Japón enfrenta un apagón nuclear a partir de este fin de semana

ORIGINAL: BBC
Roland Buerk BBC, Japón

Planta nuclear de Kashiwazaki-Kariwa
Este fin de semana el último reactor de la planta de Kashiwazaki-Kariwa será apagado. En total son 54 reactores fuera de servicio en todo el país.


Este fin de semana será apagado para su mantenimiento el último reactor nuclear de Japón que está operativo.


Está ubicado en la planta atómica de Kashiwazaki-Kariwa, una instalación que fue construida cuando el archipiélago asiático creía profundamente en un futuro alimentado por la energía nuclear.


En esa planta termonuclear hay siete reactores en total que dan al mar y que se conectan a largos tendidos eléctricos que terminan en Tokio, muy lejos, al otro lado del país.


Estos reactores proveen hasta un quinto de las necesidades de la gran metrópolis y áreas adyacentes.


Dentro del centro de visitas hay un certificado del Libro de Récords Guinnes que confirma que es la mayor planta atómica generadora de energía en todo el mundo.


Por lo pronto, ahora no es algo más que una instalación sumamente costosa.


Gran empleador


En la sala de control principal, bajo un reloj, el medidor que indica la energía eléctrica producida muestra cero.


La planta Kashiwazaki-Kariwa está fuera de servicio y este reactor nuclear, el último de los 54 que existen en Japón, será completamente apagado este fin de semana.


Antes del terremoto y tsunami del 11 de marzo de 2011, la energía nuclear representaba el 30% de las necesidades eléctricas del país.


Ahora, la importación de gas natural licuado y petróleo se ha incrementado para compensar.


La ciudad de Kashiwazaki ahora enfrenta las mismas opciones de otras comunidades locales dependientes de plantas nucleares que están entre la necesidad de fuentes de trabajo y el temor de ser golpeados por un desastre, tal como el que afectó a los habitantes de Fukushima. La planta atómica es un gran empleador: hasta 10.000 personas, incluidos contratistas, trabajan allí cada día.

Hay limitadas oportunidades de empleo en áreas vecinas.

Reactor de la planta de Fukushima
Aún se desconocen las consecuencias a largo plazo que tendrá el accidente en la planta de Fukushima tras el tsunami de marzo de 2011.
No hay otras industrias importantes y la calle principal es ocupada casi en su totalidad por el centro comercial Tepco Plaza, siglas de la Tokyo Electric Power Company, el principal benefactor de la ciudad.

Confianza comprometida

"Hemos coexistido con la planta nuclear y dábamos como un hecho que era segura", dice el alcalde Hiroshi Aida.

"Sin embargo, con el accidente nos dimos cuenta que no era así. Por ello no podemos estar confiados en que la planta es absolutamente segura".

"Tenemos que pensar en eso como ciudadanos de esta ciudad. Esa es la mayor preocupación que tenemos. Nuestra confianza hacia el gobierno y hacia la gente que hace funcionar la planta se ha quebrado".

Shiro Arai, subgerente en la planta, asegura que la seguridad era el pilar fundamental de la instalación.

"El objetivo de la planta es generar energía eléctrica, pero nuestra compañía es responsable por la planta de Fukushima, donde ocurrió el accidente", indicó.

"Por encima de todo, lo más importante para una planta atómica es la seguridad. Es lo primero antes que operar la planta".

"Todos pensamos lo mismo".

El gobierno, consciente de los desafíos energéticos que enfrenta el país, ha estado trabajando sin descanso para lograr recuperar la confianza.

Hasta ahora las plantas nucleares han estado sometidas a una serie de pruebas, diseñadas para determinar su resistencia a desastres naturales como terremotos y tsunamis.

Altos funcionarios del gobierno han viajado incluso para mantener conversaciones con las autoridades locales sobre la manera de reiniciar las operaciones.

Sin embargo, no han podido evitar lo que pasará este fin de semana, que el último reactor nuclear quede fuera de servicio en la isla de Hokkaido para un mantenimiento de rutina antes de ser reactivado.

Japón quedará completamente sin energía nuclear por primera vez en 40 años.

Se necesita energía barata

Un dramático incremento de las importaciones de gas y otros combustibles fósiles ayudó el año pasado a colocar al país en el mayor déficit comercial.

Nunca antes la terminal de gas en la Bahía de Tokio estuvo tan ocupada.

Esto ha permitido que Japón evite apagones, pero a un alto precio: la electricidad para las empresas se ha vuelto extremadamente costosa.

"La economía japonesa depende de un inmenso y avanzado sector manufacturero que necesita energía barata", asegura Yu Nagatomi, del Instituto de Economía Energética de Japón.

"El sector industrial podría estar preocupado por el hecho de que la situación hace difícil producir sus materiales en el país, de manera doméstica. Podrían estar pensando que la mejor manera de seguir en el negocio es salir de Japón".

En la planta de Kashiwazaki-Kariwa están construyendo nuevas murallas en el mar, lo suficientemente grandes -aseguran- para contener un posible tsunami.

Sin embargo, los japoneses creían que la planta nuclear de Fukushima era segura, hasta que el tsunami la destruyó.

Akihiro Harko, uno de los trabajadores en la planta de Fukushima, quien luchó durante días para controlar la crisis tras el tsunami, afirmó que la lección tenía que aprenderse antes de recuperar la confianza.

"Durante 40 años hemos estado manejando nuestras plantas atómicas de forma segura. Creemos que ayudamos a surtir de energía al país".

"Pero hubo un lamentable accidente. Los operadores dentro y fuera del país necesitan aprender de él para operar las plantas de manera segura. Y si queremos que exista energía nuclear en Japón, creo que necesitamos discutirlo ampliamente en el futuro".

Convencer ahora a la gente no será fácil.


Los peores incidentes nucleares
  • Nivel 7: Chernobyl, Ucrania, 1986 - explosión e incendio en un reactor operativo, fuga radioactiva sobre miles de kilómetros cuadrados. 4.000 posibles casos de cáncer.
  • Nivel 7: Fukushima, 2011 - terremoto y tsunami dañan los reactores. Efectos a largo plazo desconocidos.
  • Nivel 6: Kyshtym, Rusia, 1957 - explosión en un tanque de desechos lleva a cientos de casos de cáncer y contaminación sobre cientos de kilómetros cuadrados.
  • Nivel 5: Windscale, Reino Unido, 1957 - incendio en un reactor operativo, contaminación en un área local. Posibles 240 casos de cáncer.
  • Nivel 5: Three Mile Island, EE.UU., 1979 - falla instrumental lleva a la fundición de un reactor. Daño severo al núcleo del reactor.