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lunes, 30 de septiembre de 2013

Por la protección de la Ciénaga de Ayapel

Investigadores de la Universidad de Antioquia desarrollaron un proyecto de extensión para elaborar biocombustible con plantas acuáticas de la Ciénaga de Ayapel. Los estudios mostraron que la región está bajo una gran amenaza ambiental y social.

Los investigadores recolectaron plantas en tres puntos distintos de la Ciénaga para determinar sus propiedades fisicoquímicas, térmicas, de humedad y de combustión.
En Ayapel, la mayoría de los habitantes viven de la Ciénaga: cazan, pescan, siembran; pero ésta ha sido maltratada durante años y los recursos se están agotando. La región solía ser boscosa, pero los árboles fueron quemados y talados para sembrar pastos y llenarlos de vacas. En sus aguas abundaban el sábalo, el bagre y el bocachico, pero con la sobreexplotación de su pesca han comenzado a escasear. Y, mientras el precio del arroz que se cultiva en sus tierras cae por los tratados de libre comercio, el precio del oro sube y con él la explotación minera ilegal.


La Ciénaga de Ayapel, en Córdoba, hace parte de la tierra inundada, del diluvio, como algunos llaman a la región de La Mojana en el Caribe colombiano, porque en ella desbordan los ríos Cauca, San Jorge y Magdalena, inundándola en épocas lluviosas.


Allí, investigadores de la Universidad de Antioquia durante diez años han realizado estudios y proyectos socioambientales para preservar los ecosistemas y mejorar las condiciones de la población, cuyas opciones de empleo, salud y educación son mínimas. En esa cruzada, su gran aliada ha sido la Corporación para el Desarrollo Integral de la Ciénaga de Ayapel – Corpoayapel.


Hemos trabajado con la Universidad desde que se creó la Corporación en 2003, porque ha hecho los únicos estudios ambientales serios sobre la región”, afirmó Luz Estela Álvarez, directora ejecutiva de Corpoayapel.


El primero en llegar fue Néstor Aguirre, PhD, licenciado en biología y química. Pocos años después llegó Fabio Vélez, ingeniero sanitario y candidato a doctor. Juntos habían participado en la fundación del Grupo de Investigación Gestión y Modelación Ambiental —GAIA—, y actualmente pertenecen al Grupo de Investigación GeoLimna, ambos de la Facultad de Ingeniería de la Alma Mater.


Entre finales de 2012 y mediados de 2013, con tres estudiantes de ingeniería de materiales desarrollaron un proyecto apoyado por el Banco de Proyectos de la Vicerrectoría de Extensión para elaborar briquetas (biocombustibles) a partir de plantas acuáticas abundantes en la Ciénaga: Eichhornia heterosperma, Eichhornia azurea y Eichhornia crassipes, esta última considerada por la población como una especia invasora que crece rápidamente e impide la navegación, por ello la llaman tapón.

En la zona rural no hay electricidad, la gente utiliza leña para cocinar y la obtienen principalmente del mangle dulce, un arbolito importante para el ecosistema, resistente a las inundaciones y criadero de alevinos. Su tala aumenta el problema ambiental de la zona, por ello queremos ofrecer otra alternativa”, explicó el ingeniero.


Recolectaron plantas en tres puntos distintos de la Ciénaga para determinar sus propiedades fisicoquímicas, térmicas, de humedad y de combustión; también emplearon cascarillas de arroz, para evitar que estos residuos sigan siendo arrojados al agua, contaminándola. “Encontramos que con una mezcla óptima entre las tres especies se puede elaborar un buen biocombustible. Además, el resultado puede aplicarse a plantas acuáticas de otras zonas”, explicó el investigador.

Una amenaza ambiental

Con los análisis de laboratorio también se identificó presencia de mercurio en las plantas tomadas de las tres zonas. Este hallazgo, sumado al de un proyecto anterior, en donde encontraron mercurio en el sedimento de la Ciénaga, podría significar que esta sustancia, residuo de la minería ilegal, está envenenando las aguas, penetrando y amenazando todo el ecosistema.

Es necesario hacer estudios que determinen el impacto, en qué cantidades está entrando a la Ciénaga, cuál es la ruta que está siguiendo, si está llegando a la cadena trófica, si la gente ya se está contaminando”, expresó el investigador.

Con mercurio, las briquetas no podrían utilizarse como biocombustible. Entonces diseñaron un horno ecoeficiente, que además de llegar a altas temperaturas, mantener el calor y quemar con poco humo, también incorpora un proceso mediante el cual el mercurio puede separarse de las plantas contaminadas.


Con su construcción, la población podría hacer sus propias briquetas mediante un procedimiento sencillo que los investigadores describieron paso a paso en una cartilla. “La idea es que puedan venderlas y tener otra opción de ingresos, pues queremos contribuir a aliviar un poco sus problemas económicos y sociales”, indicó Vélez.

También diseñaron e instalaron un deshidratador solar, el cual aprovecha las condiciones climáticas de la zona, utilizando fuentes energéticas renovables y de bajo costo para el secado de las plantas; las cuales deben secarse y deshidratarse después de ser recolectadas, lavadas y cortadas; y antes de ser mezcladas y comprimidas en las briquetas.


En el proyecto participaron madres cabeza de familia, gestores sociales, profesores y estudiantes de colegio. Ellos son fundamentales para recoger y difundir la conciencia ambiental. En eso nos apoyó el grupo DIDES de la Facultad de Educación de la Alma Mater, con una metodología llamada PRACCIS para transmitir el conocimiento a la comunidad”, contó el ingeniero.

Actualmente se llevan a cabo otras iniciativas en la zona conjuntamente entre diferentes grupos. Con el Grupo de Investigación en Gestión Ambiental —GIGA—, están sembrando una planta africana conocida como La Moringa, para usarla en potabilización de agua; también desarrollaron un concentrador de luz solar, llamado SODIS, sobre el cual se ubican botellas plásticas transparentes para que con la luz del sol se desinfecte el agua, acabando con la microbiota. Y, con el grupo GAIA, se ubicaron equipos climatológicos en la Ciénaga para monitorear temperatura, viento, humedad, radiación solar y lluvia, y relacionarlos con el cambio climático.

La creatividad al servicio de la sociedad
La experiencia y los resultados de este proyecto, el impacto de sus hallazgos para la comunidad de Ayapel y las nuevas propuestas para mitigar el daño ambiental en la Ciénaga, serán presentados por los investigadores y representantes de Corpoayapel como parte de la reprogramación del Encuentro de Extensión Universitaria 2013.


ORIGINAL: Universidad de Antioquia
por Diana Isabel Rivera - Vicerrectoría de Extensión
30 de Septiembre de 2013

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Bogotá. Por fin, taxis eléctricos

ORIGINAL: El Espectador
Sep 02 - 2013
Desde mañana los ciudadanos podrán movilizarse en 50 vehículos que no necesitan de combustible fósil y no producen ruido.

Por fin arrancó en Bogotá el primer proyecto piloto de movilidad eléctrica en el transporte público. Desde mañana usted podrá subirse a alguno de los 50 taxis que no necesitan combustible fósil y no producen ruido, los cuales fueron entregados oficialmente ayer en la capital del país a sus nuevos conductores.

El cambio será rotundo para los taxistas de la ciudad que tendrán a cargo los vehículos. Antes con un vehículo tradicional podían recorrer 250 kilómetros con seis galones de combustible que costaban más de $50.000. Ahora podrán rodar 300 kilómetros con una recarga de energía de dos horas por la que tendrán que pagar $31.500.

Inicialmente, la recarga de los taxis, que por ahora tendrán colores blanco y azul, se hará en la estación subterránea del Parque Tercer Milenio, mientras el Distrito y la empresa de energía Codensa disponen el resto de puntos que estarán disponibles hacia finales del año en el Parque El Tunal, la calle 106 con carrera 17 y la Unidad Deportiva El Salitre.

Pero ¿cómo organizará su turno un conductor? 
José Parmenio Jiménez, uno de los propietarios de estos taxis, explica que él o la persona que conduzca su vehículo saldrá a las 5 de la mañana y terminará a las 9 de la noche. “La idea es que pueda hacer una recarga de una hora al mediodía y otra al finalizar el recorrido” para completar las dos horas, explica.

Conductores como José asumieron el riesgo de innovar con un vehículo que es costoso, pues su valor está alrededor de $88 millones, mientras uno que funciona con combustible fósil vale algo más de $30 millones. Sin embargo, Andrés Harker, director del programa de movilidad eléctrica de Codensa, dice que se trata de una inversión que con el tiempo se podrá recuperar, ya que además del ahorro en las recargas de energía, los vehículos no necesitan filtros ni aceites.

Los taxis eléctricos tampoco tendrán Pico y Placa, como parte de uno de los incentivos que acordó la administración distrital cuando decidió hacer parte de este proyecto con el apoyo de la Iniciativa Climática Clinton.

Ahora los taxistas de Bogotá están a la expectativa de los resultados de este programa piloto para saber si siguen en el negocio de la movilidad eléctrica. “Lo importante es que den la talla, porque no van a tener sino un conductor y ya no van a trabajar durante 24 horas”.

Para los usuarios, la tarifa seguirá siendo la misma e incluso, la Alcaldía Mayor no descarta posibles rebajas en la medida en que aumente la demanda del transporte público en la ciudad. En América Latina existen otros proyectos de taxis eléctricos, uno de ellos avanza en Ciudad de México, donde hay 20 vehículos que circulan en el centro histórico, y el otro funciona en Río de Janeiro con dos carros. En Shenzhen, China, funciona el programa de taxis eléctricos más grande, con 300 vehículos distribuidos por la compañía BDY, la misma que trajo los 50 de Bogotá.

Este miércoles en Londres se entregará el premio a las ciudades líderes en la lucha contra el cambio climático, donde la capital colombiana está dentro de las nominadas por el piloto de taxis eléctricos.

miércoles, 3 de julio de 2013

Greasy Sponge Slurps Up Oil

June 26, 2013

Materials Science: A chemical treatment makes a household sponge thirsty for oil instead of water
Waterproof Sponge. Water droplets rest on top of a superhydrophobic sponge coated in a thin layer of polypyrrole. Credit: Ind. Eng. Chem. Res.
Picking Up Petrol.
Researchers mixed petroleum with water in a petri dish (a)
and then added a superhydrophobic sponge (black, b).
After five minutes, the sponge had absorbed most of the oil from the water (c).
Credit: Ind. Eng. Chem. Res.
A sponge that can’t absorb a single drop of water may seem like a dud. But if it readily soaks up oil, it could help purify chemical syntheses or clean up oil spills on water. Researchers now report a simple chemical method for turning a household sponge into a water-blocking oil absorber (Ind. Eng. Chem. Res. 2013, DOI: 10.1021/ie400942t).

In response to oil spills on water, cleanup crews often turn to sorbent materials, such as wool, straw, cotton, and synthetic sponges, to separate oil from the water. Sponges are the best choice for the job, say Zhaozhu Zhang and colleagues at the Chinese Academy of Science. The materials can absorb a lot of liquid in a short time, and they can float. However, they suck up water as well as oil, so the sponges’ soaking capacity isn’t fully used to remove oil. To make the materials more efficient, Zhang and colleagues decided to make an oil-specific sponge.

The researchers purchased polyurethane sponges at a local furniture store and coated its entire surface with a thin layer of polypyrrole. This polymer is well known for being water-repellent and having a strong affinity for oil, says Paul L. Edmiston, a chemist at the College of Wooster, who was not involved in this study.

To prepare the sponge for its polypyrrole coating, the researchers first dipped it into ferric chloride and 1H, 1H, 2H, 2H-perfluorooctyltriethoxysilane (PTES). They then put the PTES-coated sponge into a sealed chamber over a pool of volatile pyrrole, which vaporized and infused the sponge. The PTES helped the pyrrole adhere to the sponge surface. Meanwhile, the iron from the ferric chloride helped to catalyze the polymerization of the pyrrole into a thin coating over the sponge’s pores.

When the scientists added droplets of water to the surface of the revamped sponge, the water stayed in a bead and wasn’t absorbed. Droplets of oil, however, disappeared into the sponge immediately. The researchers also dipped the sponge into a variety of oils, including motor oil and soybean oil. The sponge sopped up more than 20 times its dry weight for each of the oils. The team tested how the sponge fared after reuse: They sopped up oil with the sponge and then wrung out the absorbed oil. After repeating those steps five times, the sponge could absorb at least 17 times its weight in oil.

Other groups have modified meshlike materials to absorb oil, Edmiston says. But he likes the idea of an oil-absorbing sponge, because it has “lots of room to pick up the oil.

Edmiston is concerned that the cost of making these sponges would be prohibitive in the case of a large-scale oil-spill cleanup operation. Although the sponges themselves are cheap, the chemicals used in the treatment are expensive. The superhydrophobic sponges, though may find a place in certain industrial operations, Edmiston says, like removing hydrophobic solvents during chemical syntheses. Such small-scale applications would probably be the first uses for the revamped sponges, he says.
Chemical & Engineering News
ISSN 0009-2347
Copyright © 2013 American Chemical Society

miércoles, 22 de mayo de 2013

Can luxury resorts solve the global water crisis?

ORIGINAL: Smart Planet
March 28, 2013

According to the World Travel & Tourism Council, there are around 12.7 million hotel rooms around the world, and another 1.3 million are in development, half of them being built in the Middle East and Africa. These days, bottled water is as common a sight in hotel rooms as thin-screen televisions and mass-produced art. In most developing parts of the world, bottled water is increasingly sought after, both by locals and visitors.

WWW Bottle
Given that hotels generally charge for bottled water, this represents an important revenue stream. But there is a negative side: hotels must deal with a flood of empty single-use plastic bottles. In coastal areas, some plastic bottles invariably end up at sea, where they contribute to a marine pollution problem that is turning into a catastrophe for sea life. Shipping water also is costly, generates carbon emissions and most plastic bottles are made using virgin resin, derived from oil.

In 2008, a forward-thinking hospitality executive decided to rectify the wastefulness of single-use plastic bottles at his luxury hotel properties. Sonu Shivdasani banned the import and sale of the bottles at his Soneva resorts. Instead, the company filters, bottles and sells its own water onsite, in bottles that are then collected and reused. This eliminates the emissions associated with transporting bottled water into the resorts, located in the Maldives and Thailand.

Now, a startup is tapping into this same well of thinking. Whole World Water, which officially launched on World Water Day, March 22, is hoping to bring the practice of onsite water treatment and bottling to the wider hospitality industry.

The effort is the work of Karena Albers and Jenifer Willig, a pair of environmentalists and entrepreneurs who count Shivdasani, entrepreneur Richard Branson, industrial designer Yves Behar, actor Edward Norton and environmentalist David de Rothschild among the influential supporters and trustees of their effort.


While Whole World Water is being established as a for-profit, member-based venture for resorts, it has also created the Whole World Water Fund, a charitable organization, through which all participating resorts contribute 10 percent of their proceeds from the water sales. The fund, administered by ClimateCare, will then use the funds to develop water treatment infrastructures in communities around participating resorts. (This model is similar to one used by Shivdasani, who also donates proceeds from water sales to clean water projects –- albeit he contributes a larger share, at 50 percent.)

Turning tides
Albers and Willig acknowledge that packaging waste and emissions generated from food transport are major issues that defy easy solutions, but they see the hospitality industry –- particularly luxury resorts –- as agents for change.

We all have to ask ourselves, when do we get bamboozled into drinking bottled water? But we did. It became the thing to do, especially at high-end resorts,” Albers says. Whole World Water, she says, is “trying to get people up to speed on what we need to do to protect natural resources.

Karena Albers
That said, Albers and Willig believe they will be more successful if they give consumers a better option to plastic-bottled water rather than trying to immediately force a change of habit.

People are buying bottled water [at high-end resorts] more than they are asking for tap” in places such as restaurants, Willig says. “So we said let’s offer a brand that satisfied that request, and this way we can wean them off branded bottled water.

The hope is that consumers will come to find the Whole World Water option a more chic, appealing one. At the same time, perhaps they’ll start to think differently about single-use plastic bottles. At the same time, Albers and Willig want to provide a new option to travelers who might consider bottled water the only safe option based on the part of the world they’re visiting. On some remote islands or in developing parts of the world, “there are not a lot of options so people are more comfortable with branded bottled water,” Albers sats. “But in urban settings such as New York, there is definitely more demand for tap water.

Just as local food has captured the attention of travelers, so can water –- as long as it is clean and safe. “We’re in a big movement over local food,” Albers says. “Why did water get taken out of that equation? Why shouldn’t water be local? We will get local water councils cognizant of the fact that municipal water has every right to be as clean as bottled water.

Jenifer Willig
Business plan
Whole World Water has already engaged nearly 20 high-end resorts, including Banyan Tree Hotels, Branson’s Virgin Hotels, Sovena and three Ritz Carlton properties. These member companies, and others that join in the future, must agree to three basic conditions: 

  • paying a $1,000 annual membership fee (this covers marketing and promotional expenses); 
  • installing a secondary water filtering system to further purify the hotel’s tap water and then bottle it in the Whole World Water glass bottle, which is later collected and reused; and 
  • donating 10 percent of water bottle sales to the Whole World Water Fund.
Banning sales of single-use branded plastic water bottles from third parties is not a membership requirement. “We are not mandating that they can’t sell bottled water in plastic,” Willig says. “We have to walk before we can run.”

It’s up to members to decide whether they’ll continue offering plastic bottles, therefore, but they’ll all likely push the Whole World Water option, and not just because its good for marketing purposes. According to Whole Water World, hotels and resorts can boost their own revenue by becoming their own water vendors. Based on a case study, the company says switching to onsite bottling can increase a hotel’s profits from bottled water by around 22 percent, since the filtration systems are relatively inexpensive. Plus, the resorts can cut shipments of bottled water by using the onsite system, thereby reducing their carbon footprints and waste generated.

The World Travel & Tourism Council estimates that travel and tourism contribute around $6 trillion to the global economy, which is around 9 percent of the global GDP. Albers and Willig believe they can attract enough members to Whole World Water to raise $1 billion each year for the Whole World Water Fund, to help the estimated 1 billion people around the world who lack access to clean, safe water sources.

The pair says their goal is to show that if drinking local water –- even water that is perceived to be very unsafe –- can be shown to be safe at a fancy resort, then it can also be done at the municipal level.

They also hope to expand the Whole World Water model beyond water. Many resorts already grow a portion of their own food. Why not add a program to divert a portion of restaurant profits to support sustainable agriculture outside the walls of the resort?

(Thumbnail image courtesy of Creative Commons)

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About Mary Catherine O'Connor
Mary Catherine O'Connor is a contributing editor for SmartPlanet.

domingo, 12 de mayo de 2013

'Colombia no está preparada para la locomotora minera'

ORIGINAL: El Espectador
Por: Viviana Londoño Calle 
6 Mayo 2013

La más completa investigación hecha por la Contraloría General 

Mientras la extracción de un gramo de oro implica gastar hasta 1.060 litros de agua, para producir arroz, papa o leche en la misma cantidad, se utilizan menos de 2 litros. 


Hace dos semanas, el ministro de Minas y Energía, Federico Renjifo, anunció que el Gobierno planea abrir las puertas a nuevas solicitudes mineras a finales de este mes. Según el ministro, hay notorios avances en la depuración de los títulos y el país estaría preparado de nuevo para permitir nuevas exploraciones.

Sin embargo, la más reciente investigación de la Contraloría General, que revela una completa radiografía de esta actividad en el país, advierte que más allá de la depuración de los títulos mineros otorgados hasta ahora (19.000 según el Ministerio de Minas), hay una serie de complejos retos con pocos los avances, que habría que resolver antes de reactivar la titulación minera, según el ente de control.

Uno de esos desafíos tiene que ver con las implicaciones ambientales de la minería de oro y de carbón a gran escala. El Espectador conoció el libro ‘Minería en Colombia. Fundamentos para superar el modelo extractivista’ que será presentado este lunes en la tarde y que confirma lo que vienen advirtiendo los expertos en medio ambiente, desde que el país se subió en la locomotora minera: los efectos ambientales por la extracción de estos materiales son serios, evidentes y además irreversibles.
  • La generación de grandes cantidades de residuos, 
  • la desaparición y contaminación de las aguas y del aire, 
  • la pérdida del suelo y de la biodiversidad, 
son sólo algunos de los costos ambientales que representa la minería a gran escala, de acuerdo con la investigación.

Cifras de Catastro y Registro minero señalan que de los títulos otorgados en Colombia, el 43% es para la explotación de oro y el 25% para carbón. Estos dos materiales terminan en países extranjeros: el 99% del oro extraído es para exportación y lo mismo sucede con el 95% del carbón. Para la Contraloría, además de representar fuertes daños ambientales, se trata de un modelo que “no genera encadenamientos productivos y no dinamiza directamente la economía”.


Julio Fierro, uno de los investigadores del capítulo ambiental insiste en que “la apuesta de desarrollo económico basada en la minería permea todas las decisiones del Estado y el país no tiene la capacidad ni la fortaleza institucional”. Además –según el experto- preocupa la absoluta desaparición del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible en la discusión del tema minero.

Minería vs agua
Extraer un gramo de oro implica gastar hasta 1.060 litros de agua. La misma cantidad de arroz, de papa o de leche se puede producir con menos de dos litros. Estos datos, que recoge la investigación, advierten sobre el alto consumo de agua para la actividad minera y la eventual competencia con la producción de alimentos. A esto se suma la contaminación de las aguas por mercurio o cianuro, utilizados para separar el oro de los minerales y por residuos tóxicos que acompañan los desechos mineros.

Consumo de Agua por Actividad
De acuerdo con el documento, “los yacimientos de extracción se caracterizan por contener oro en muy bajas concentraciones, lo cual implica la generación de grandes volúmenes de residuos”. Buena parte de estos residuos terminan contaminando las aguas y el ambiente y representando un riesgo para la salud pública. Por cada gramo de oro se pueden generar 
  • 40 gramos de arsénico, 
  • 10 gramos de cromo, 
  • 170 gramos de plomo y 
  • 50 gramos de zinc (ver gráfico).
Para la Contraloría, “un modelo de desarrollo basado en la extracción de minerales e hidrocarburos puede causar un impacto aún más fuerte debido a la contaminación de aguas y suelos, en particular en la zona de laderas andinas, poniendo en riesgo no sólo la diversidad, sino también la soberanía alimentaria, pues las especies químicas tóxicas liberadas pueden permanecer por muy largo plazo (decenas de miles de años) disponibles en el ambiente”. 

El mapa minero del país muestra –de acuerdo con los investigadores- que “los principales proyectos mineros de carbón están en zonas con alta susceptibilidad a la desertización y los de oro se ubica en zonas de alta montaña, fundamentales en la preservación de la oferta hídrica”.

Millones de residuos
Ciudades como Bogotá, Buenos Aires o Río de Janeiro generan alrededor de dos millones de toneladas de residuos al año. Un proyecto de minería de oro a gran escala puede generar en el mismo período hasta 70 veces más residuos y en el caso de carbón, hasta 12 veces más deshechos. 

Aún así, los efectos que en el largo plazo representan estos materiales no están contemplados en la normatividad. ¿Quién responde entonces?

MInerales tóxicos tras el oro.
Según datos de la investigación, de los 1.997 títulos para la explotación de metales reportados en 2010, sólo 194 de ellos contaban con licencia ambiental. Así las cosas, es evidente que será el país y no las empresas las que tendrán que responder por los pasivos ambientales a largo plazo.

La debilidad de las licencias ambientales
La reglamentación ambiental en Colombia no ha sido ajustada para prevenir, mitigar, corregir o compensar los impactos generados por la minería”, así define el documento de la Contraloría el débil control ambiental de los proyectos mineros en el país. Una de las falencias tiene que ver con las licencias ambientales: pese a que deberían ser la carta de navegación para que cualquier proyecto garantice los mínimos impactos, sólo son requeridas durante la etapa de explotación.

Mientras no tienen licencia –sin embargo- los proyectos adelantan vías, túneles, talas y diferentes actividades que aunque representan un claro impacto no tienen ningún tipo de control. Otro de los aspectos frente a los que llama la atención la investigación tiene que ver con la información que manejan las instituciones frente al tema minero. Todos los datos -incluso el estudio de impacto ambiental- lo proporcionan las mismas mineras. A la debilidad institucional se suma además la deficiencia de conocimientos técnicos y científicos frente a la extracción de minerales.

Entre las conclusiones de la investigación se destaca que el modelo actual de minería es una apuesta arriesgada que no incorpora los impactos ambientales. Según Fierro, “hay una apuesta económica por encima de todas las reglamentaciones ambientales, étnicas, tributarias y de ordenamiento territorial. Es una apuesta sin soportes y todos estos impactos sociales y ambientales no han sido tenidos en cuenta”.

Lo que implica explotar oro y carbón
Para los investigadores es evidente que los efectos ambientales son sólo algunos de las razones que justifican la declaratoria de una moratoria minera indefinida y la suspensión de los megaproyectos. Mantener cerrada la ventanilla minera, es una de las propuestas hasta que se plantee una nueva política minera que tenga en cuenta “el desarrollo integral, el respeto a la Constitución Nacional, la observancia de los derechos fundamentales de los ciudadanos”.

Esta tarde, la investigación, que recoge además otros temas gruesos como la renta minera, la normatividad de esta actividad y su relación con el conflicto armado, estará en manos del Ministerio de Minas y Energía, del de Ambiente, de los Congresistas y de todas las entidades de las que depende el futuro de la minería en el país.

Luis Jorge Garay, coordinador de la investigación es enfático al respecto: “lo que mostramos es que Colombia no está preparada para desarrollar una industria minera necesaria bajo criterios de respeto de los derechos, de conservación del medio ambiente y desarrollo integral”. Para Fierro, es claro que no debe haber minería en lugares ricos en biodiversidad y en cuencas frágiles y debe prohibirse en zonas de conflicto. “Si uno se imagina ese mapa, muy probablemente este no sea el país adecuado para basar su desarrollo en la minería”. 

Oro y mercurio.
Por: Viviana Londoño Calle

domingo, 28 de abril de 2013

La guerra por el agua y el oro

ORIGINAL: El Espectador
Por: Edinson Arley Bolaños / Especial para El Espectador
24 Abr 2013

En el Macizo Colombiano
Bajo las montañas, los páramos y glaciares del Macizo Colombiano hay metales preciosos y abundante agua dulce que nutre al 70% del país.

En el Macizo Colombia nace el agua que surte a más del 70 % de los colombianos. /Édinson Arley Bolaños
Libia Mamian y sus ocho hermanos son los dueños de los predios donde está la mina de oro más grande del Macizo Colombiano: La Concepción. Ellos nunca la han explotado, porque la heredaron de sus padres, quienes siempre soñaron que ese lugar fuera una reserva natural para proteger el agua que nace en sus montañas: la quebrada Agua del Oro y el río Marmatos.

Doña Libia pasa de los 68 años y vive tranquila en la vereda La Cuchilla, a pocos kilómetros de la mina donde se esconde el oro que hoy ambiciona la locomotora minera. Su casa está ubicada entre los municipios de Almaguer y La Vega, a ocho horas de Popayán, la capital del Cauca. Es una mansión para ella y un misterio para los que la apenas la conocemos puertas adentro. Se esconde entre árboles de pino y flores de borrachero que exhalan un tanto del oxígeno que inhala el corazón del Macizo Colombiano.

La Concepción es la mina más importante de esta región, porque desde 1559, en el Nuevo Reino de Granada, de ella salían 30 mil de los 40 mil pesos oro que producía la Gobernación de Popayán, que se extendía hasta Antioquia. Cuenta la historia que Almaguer, el municipio donde se asientan dichas minas, iba a ser la capital del Reino de Granada, que entonces llegaba hasta Caracas y Quito.

Pero de esa opulencia ya no queda nada. Después del terremoto de 1765, que destruyó totalmente el pueblo y sepultó gran parte de las vetas de oro, Almaguer hoy es uno de los municipios más pobres de Colombia. El 88% de sus pobladores vive con necesidades básicas insatisfechas, según el censo del DANE de 2005. Sin embargo, el desarrollo pensado desde la riqueza económica, según el Gobierno colombiano, está bajo sus propias tierras. Así lo hace saber el mapa de catastro de la Agencia Nacional Minera que expone que, de las 22.400 hectáreas que tiene el municipio, 3.099 están tituladas y 14.112 solicitadas. Es decir, el 77% del municipio estaría sentado en metales preciosos que podrían ser explotados por las multinacionales AngloGold Ashanti y Palma Som o por el empresario Rafael Herrera Contreras, quienes tienen los títulos y solicitudes en estas tierras.

Cuando llegamos a la mina La Concepción, después de cuatro horas de transitar por el camino de herradura que el español Pío Cid Martínez construyó para explotar ilegalmente la mina en la década de los 70, ahí estaban: once socavones. Olvidados por la ambición del hombre, pero recordados por doña Libia, sus ocho hermanos, Floresmiro Gómez y dos campesinos más de la vereda Buenavista, que se consideran defensores del Nudo de Almaguer.

El día en que el gobierno de Juan Manuel Santos anunció la locomotora minera como motor de desarrollo del país, la nostalgia regresó a La Concepción. Incluso, muchos que no la conocían se dieron a la tarea de cuidar esa montaña con agua amarillenta estancada en los socavones, con olor a azufre, que tras cuatro décadas aún no se ausenta de este cerro llamado el Alto del Mono. Esa montaña es el cañón de la quebrada Agua del Oro y del río Marmatos, que corren hacia el Guachicono para entregarle su torrente al caudaloso río Patía.

Si se explotan las minas de Almaguer, como lo presienten los defensores del Macizo, multinacionales como AngloGold Ashanti llegarían con maquinaria más sofisticada y posiblemente provocarían lo que el geólogo y ambientalista Julio Fierro anuncia: entre 2.400 y 3.500 millones de toneladas de residuos en comparación con ciudades como Bogotá, que generan 2 millones de toneladas de basuras al año; si se tiene en cuenta que un proyecto de minería a gran escala puede durar 25 años, para extraer el metal se produciría una cantidad 50 veces mayor que en la capital.

Sin embargo, para Sandra Ocampo, gerente de comunicaciones de la AngloGold Ashanti, esa cifra aún es especulativa y no hay un dato preciso, ya que la multinacional, que llegó en 2003 a Colombia, actualmente está en etapa de exploración en todo el país. “Todo proyecto minero es diferente, porque depende del tamaño del proyecto, de la roca que haya en ese lugar y de los estudios que se realicen”, enfatizó.

Para este caso, Ocampo presenta un ejemplo preciso de la mina de oro de Cripple Creek and Victor, en Colorado, Estados Unidos: “Es una mina donde se generan 70 millones de toneladas de residuos cada año. De esas, 47 son residuos de roca que se vierten en lo que se llama depósito de estéril. Cuando el depósito alcanza la cantidad de roca que puede almacenar, se procede a revegetalizarlo en armonía con el entorno ambiental, es decir, con especies propias de la zona donde está el proyecto”.
Aerial View of Cripple Creek and Victor Mine. Photo: http://elementsunearthed.com
A Libia lo que más la atormenta de la ambición por el oro, es el recuerdo de su madre, quien fue asesinada en 1971 a machetazos en esa finca, por robarle el dinero. Ese recuerdo taladra su corazón. En 1992 su padre murió de cáncer y de pena moral, y su último deseo fue que convirtieran esa montaña en una zona de reserva natural:No vayan a vender las tierritas, para que cuando no tengan trabajo en la ciudad, vuelvan a ellas”, les dijo a todos sus hijos.

Pero ese sueño parece derrumbarse. Según Francisco Vidal, subdirector de Patrimonio Ambiental de la Corporación Autónoma del Cauca (CRC), aunque esa montaña donde está la mina tendría que ser protegida, “lastimosamente no está en el marco de un ecosistema que impida el desarrollo de la actividad minera”. Ese argumento aleja a la familia Mamian de las pretensiones de cerrar la mina y evitar que “los residuos rocosos, que tienen una alta cantidad de pirita de sulfuros, generen acidez en las aguas de estas tierras”, como lo explica el geólogo Julio Fierro.

Aun así, la persistencia de esta familia y del Comité de Integración del Macizo Colombiano (CIMA), continúa. A través de foros municipales, desde hace dos años vienen impulsando la figura de las zonas de reserva de la sociedad civil para proteger 362 cuerpos lagunares, 13 páramos, los bosques altoandinos y los glaciares que nacen en esta región y que suministran el agua a más del 70% de los colombianos.

Ocho horas después de tocar un pedazo de macizo, regresamos a la mansión de doña Libia. Y entonces el misterio se resuelve cuando llegamos al patio de su casa. Ahí, en una tumba rodeada de flores moradas, están los restos de su padre y su madre, que enterró con recelo para que sus energías y su sueño sigan siempre latentes: proteger estas tierras de abundante agua dulce y selva virgen.

La Sierra, Cauca, es la puerta del Macizo Colombiano. Desde ahí se vislumbra la ambición por estas tierras: de las 20.300 hectáreas que tiene el municipio, 12.193 están tituladas, es decir, el 60% del territorio. Más aún, 2.655 hectáreas están solicitadas, que incrementan el 13% de este municipio. De esos títulos, seis son de la AngloGold Ashanti y equivalen a 10.177 hectáreas. El resto de concesiones se las dividen Carboandes y particulares.

En ese municipio está la vereda Frontino Alto y ahí vive una india berraca y humanista: Omaira Rojas. 42 años. Su pelo negro y liso me hace catalogarla como indígena, sin embargo, no pertenece al cabildo de su vereda. Hace once años vive en esta zona a punta de cosechar café y caña, y de bajar a lavar oro al río Esmita, otro afluente del Patía.

Desde 2003, cuando llegó la multinacional AngloGold Ashanti, en ese entonces con el nombre de Kedada, Rojas se ha opuesto al proyecto megaminero y eso le ha costado amenazas de personas que están a favor del proyecto. La mujer de Abelino Garzón, expresidente de la junta de acción comunal de la vereda, le dijo en 2011 que “por andar de metida oponiéndose a la empresa cualquier día aparecía tirada en la carretera”, recuerda Omaira.

Al frente de su casa, en un cerro simbólico para ella y su comunidad, está la escuela de la vereda. “Ese también lo quieren volver polvo y extraerle el oro”, dice. El proyecto es de la multinacional AngloGold Ashanti y se llama Cerro Gordo.

Pero, para Sandra Ocampo, gerente de comunicaciones de la multinacional, decir que se va a sacar oro de ese cerro es apresurado. “El interés de AngloGold Ashanti por ahora no es extraer oro, sino conocer y explorar el país, para saber si hay posibilidad de desarrollar un proyecto en esos lugares”.

Esto ha generado preocupación entre los pobladores de La Sierra, Cauca, que los ha llevado a convocar junto a la organización social CIMA un foro minero en defensa del territorio y el medio ambiente el próximo 16 de junio. Si se hace, este sería el cuarto en la región y sería sin la ayuda del alcalde del Partido de la U, Húver Ramos, que se ha negado a apoyarlo. Ese hecho y la negación a defender a sus campesinos en el pasado paro cafetero, le han costado que los pobladores estén recogiendo firmas para revocar su mandato.

Así viven la mayoría de los 89 municipios que pertenecen al Macizo Colombiano. En Cauca y Nariño, con movilizaciones y acciones, defienden esta gran región, declarada por la Unesco en 1979 como reserva de la Biosfera. En el corregimiento de Santa Cruz, municipio de San Lorenzo, Nariño, sus pobladores van a construir un cementerio en el cerro donde la AngloGold Ashanti tiene un título minero. Y en La Sierra, Cauca, Omaira dice que de su tierra sólo la sacan con los pies para adelante.

Por: Edinson Arley Bolaños / Especial para El Espectador