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sábado, 17 de noviembre de 2012

Genetically Modified: The 2 Words the Food Industry Spent $45 Million to Avoid Using

ORIGINAL: Daily Finance
11/15/12

Getty Images
Despite significant popular support for the labeling of genetically modified foods in recent polls, when it came time to vote on election day, Californians rejected Proposition 37, which would have required businesses to label products containing genetically modified organisms, or GMOs.

Proponents of Proposition 37 argued that the labeling requirements would provide consumers with valuable information that would allow them to make better purchasing decisions. Opponents countered that labels would mislead consumers by creating the impression that GMOs are harmful to human health.

Many attribute the loss to a multimillion-dollar advertising campaign against the proposition funded largely by agriculture and food companies like Monsanto (MON), PepsiCo (PEP), Coca-Cola (KO), Kraft (KRFT), and Kellogg (K). Opponents of Proposition 37 raised at least $45 million to affect voter sentiment, while supporters of the proposed law -- mostly consumer advocacy groups -- raised only about $8 million.

Was it a fair fight?
Prop 37 advocates complain that their defeat wasn't merely due to being outspent, but also due to opponents using deceptive marketing practices to shift public opinion. One example called out was a mailing to state residents which used the FDA logo and a quote saying, "The US Food and Drug Administration says a labeling policy like Prop 37 would be 'inherently misleading.'" FDA spokesperson Morgan Liscinsky later pointed out that the FDA did not make this statement or express any opinion on the proposed legislation.

Valuable Tool or Unnecessary Information?
If Prop 37 had passed, the law would have forbidden food companies from labeling foods with GMO ingredients as "natural", "naturally made", "naturally grown", or "all natural." Businesses would have had to label raw GMO produce as "genetically engineered," and to label all processed foods containing GMOs as "partially produced with genetic engineering," or "may be partially produced with genetic engineering."

The law also would have empowered consumers to stand up to companies that label their products inaccurately by making it possible for them to win lawsuits against food companies without having to prove specific damages resulting from the labeling violation.

While Big Ag argued that studies haven't shown GMOs are harmful to human health, Prop 37 advocates point out that most industry-funded studies last only 90 days. And although the Food and Drug Administration has deemed GMOs safe for human consumption, proponents worry that the FDA doesn't actually test these foods before they go to market, and so they don't have sufficient evidence to declare these goods safe.

Other advocates argue that even if GMOs are safe to eat, mandatory labeling would provide valuable information for consumers who worry about the sustainability of GMO farming, and its potential to breed "superbugs."

The fight over Prop 37 isn't just a California issue: Opponents were worried the law would set a precedent for the rest of the country to pick up the anti-GMO torch. In fact, about 93% of the money raised to turn voters against the law came from outside the state.

Advocates in Washington state, Connecticut, and Vermont are pushing to require labeling in their own states. Others are trying to utilize the national awareness arising from California's campaign to gain signatures on a petition asking the FDA to require labeling of GMO foods nationally.

Do you think Prop 37's requirements would have been good for consumers? Would you like your home state to push for similar legislation? Chime in below!

Motley Fool contributor M. Joy Hayes, Ph.D., is the Principal at ethics consulting firmCourageous Ethics. She doesn't own shares of any of the companies mentioned. Follow @JoyofEthics on Twitter.


miércoles, 19 de septiembre de 2012

The Video Monsanto Does NOT Want You to See! Brought to you by Nutiva and Elevate

ORIGINAL: The GIC

What is a GMO, and how do GMOs effect you and your family?

The same corporations that said DDT and Agent Orange were safe have now put millions of dollars into the campaign against our right to know what's in our food. In November, Californians will vote on the most important issue to ever effect our food supply. As Goes California, So Goes the Nation.

Vote YES ON 37 Because We Have The Right To Know What's In Our Food!

Learn more about this important ballot initiative, and the future of your food supply here: http://www.carighttoknow.org/donate

lunes, 17 de septiembre de 2012

Las locomotoras que acaban con la democracia

por Paula Cristina Mira Bohórquez - Profesora Instituto de Filosofía
pcmira@quimbaya.udea.edu.co06 de septiembre de 2012

¿Quién decide si Colombia debe ser un país minero? Esta pregunta no trata solo de unos cuantos casos problemáticos de algunas comunidades, así como tampoco de luchas aisladas, la pregunta nos lleva a una cuestión más general, que nos involucra a todos como ciudadanos de un país e incluso como habitantes del mundo. 

Hace pocos meses el Instituto de Filosofía de la Universidad de Antioquia realizó un seminario sobre ética, medioambiente y animales. En una de las ponencias, en la que se discutía sobre el problema de la minería en Colombia, un estudiante realizó la siguiente pregunta: A pesar de que Colombia ha sido declarado un país minero, ¿debe ser realmente Colombia un país minero? La pregunta creó murmullos en la sala, por lo importante, urgente y difícil, y porque entendimos que nos dirige a otras preguntas esenciales, siendo una de ellas: ¿Quién decide si Colombia es o no un país minero?

En un artículo publicado el dos de septiembre en el periódico El Espectador y titulado “Nuestro oro verdela periodista narra la lucha de las comunidades del suroeste antioqueño por impedir que las multinacionales entren a su territorio e implanten la megaminería para la extracción de oro y otros minerales. Al final del artículo queda una alegría y un sinsabor, la alegría de una comunidad que lucha por conservar su tierra, su paisaje, su agricultura y sus costumbres frente a los peligros que ven con la entrada de la megaminería, y el sinsabor por las pocas posibilidades que parecen tener estos esfuerzos, ya que la Secretaría de minas de Antioquia, aclara para el artículo que “[u]na cosa es lo que uno quiere y otra la que la ley permite. Tenemos que hacerles ver a los alcaldes y a la comunidad que la minería está regida por un código. Aunque hay unos instrumentos legales para prohibirla, sólo funcionan en el perímetro urbano; al perímetro rural lo rigen leyes como la 388, que le da la posibilidad a un privado de hacer minería”. 

¿Quiere decir esto que el código 388 le da la posibilidad a un privado de hacer minería por sobre los intereses de las comunidades, de los propietarios de la tierra, de las autoridades políticas de estas comunidades, esto es, por sobre todos los entes que suponíamos están empoderados en una democracia?

Por otro lado, el portal de internet Lasillavacia publicó, también el dos de septiembre, un artículo titulado “Las polémicas del Código Minero que tendrá que enfrentar Renjifo”. 

En este artículo la periodista revela que el nuevo código minero que se prepara en el gobierno no cambiará algunos de los puntos más problemáticos del anterior del 2001, como por ejemplo que la minería es declarada “[…] como una actividad de utilidad pública e interés social” y añade que “[l]a consecuencia práctica de esto es que cualquier particular puede ser expropiado de sus predios si en su tierra se encuentra una mina”.

¿Estamos entonces frente a la ratificación de un apartado del código minero que determina que, siendo la minería de interés público y social, los miembros de esas sociedades pueden perder sus tierras, sus formas de vida y de subsistencia, su medioambiente sano y sus fuentes de aguas para el beneficio de extraños?
¿Qué tipo de actividad pública y de interés social es esta? 

La línea entre la demagogia sobre lo público y el beneficiar la privatización de las tierras y de los recursos naturales del país parece ser muy delgada, según lo presentado por este código minero.

En estos momentos entenderá el lector la importancia de la pregunta planteada antes: ¿Quién decide si Colombia debe ser un país minero?
Esta pregunta no trata solo de unos cuantos casos problemáticos de algunas comunidades, así como tampoco de luchas aisladas, la pregunta nos lleva a una cuestión más general, que nos involucra a todos como ciudadanos de un país e incluso como habitantes del mundo, a saber, la cuestión sobre qué concepto de desarrollo queremos seguir, qué valores privilegiamos cuando tomamos decisiones como comunidad, así como qué importancia tienen nuestras decisiones como comunidad en Estados que, como el nuestro, se publicitan como democráticos (y que además, como el nuestro, se vanaglorian de su biodiversidad).

Las luchas de estas comunidades muestran que el concepto de democracia es limitado para las autoridades gubernamentales, pues no parece ser un concepto que se eleve por encima de la simple acumulación de votos y que empodere a las comunidades para determinar autónomamente su futuro, el de su medioambiente y las posibilidades de sus generaciones futuras. Habría que preguntarse si se trata de un concepto de democracia que entrega las comunidades, sin consultarles, a través de leyes y códigos decididos a puerta cerrada, a un concepto de desarrollo en el que predominan los intereses económicos de grandes firmas multinacionales, y que da poca o ninguna importancia a los muchos otros intereses que las comunidades reconocen como importantes para ellas, como por ejemplo, los intereses medioambientales.

Hagamos todos el ejercicio de pensar la situación (que no es para nada hipotética), en la que a nuestra comunidad llega la propuesta de una empresa, que promete darnos algunos empleos (los invito a consultar las cifras sobre la cantidad de empleos que da la megaminería a los países latinoamericanos), promete además darnos un dinero para vivir un tiempo y algunas comodidades más; pero a cambio esta empresa acabará con nuestros recursos no renovables, agotará nuestras fuentes hídricas, privatizará toda la tierra a nuestro alrededor y una vez agotados estos recursos se irá para buscar mejores tierras. Frente a semejante propuesta, ¿queremos que alguien más decida por nosotros? ¿No tenemos ningún derecho a decidir si queremos que alguien nos saque de nuestras casas y nos deje sin agua? 

En definitiva, la simplicidad de este ejercicio nos puede servir para pensar que, sea cual sea nuestra decisión, es dudosa una postura democrática que no nos dé, al menos, la posibilidad de opinar sobre el destino de nuestras tierras, porque es cuando menos problemática la postura democrática paternal que pretende que sus ciudadanos son “niños” que no saben que es bueno para ellos y que postula la idea de que hay que decidir por ellos.

La retórica de ciertos actores económicos mundiales cada vez se complace más en hablar de que los recursos naturales son de todos, más la sospecha sobre estas afirmaciones es legítima, sobre todo cuando viene de actores provenientes de países, como los del llamado “mundo desarrollado”, que se preocupan tanto por cuidar sus propiedades y sus fronteras. No es mi interés demonizar las actividades de las multinacionales, como tampoco beneficiar discursos “que van en contra del progreso de los colombianos”, como dirían algunos, pero sí es mi intención repetir una pregunta cada vez más urgente: ¿Qué hará progresar a los colombianos? 

Para ganar en la posibilidad de dar respuestas a esto, es necesario resaltar nuestro deber ciudadano de informarnos y el deber de los entes políticos de poner a nuestra disposición información real sobre los beneficios, pero también sobre los riesgos de las actividades que se realizan en nuestra comunidad, así como el derecho que tenemos como ciudadanos a tomar decisiones o a poner en cuestión modelos de desarrollo que privilegien excesivamente algunas valoraciones, como la económica, por encima de muchas otras. Solo las sociedades informadas pueden aspirar a ser sociedades democráticas.

Sobre todo las actividades llamadas “extractivistas” tienen grandes riesgos para las comunidades, sobre los que hay que informarles y que no les pueden ser impuestos; estas actividades se caracterizan precisamente por la extracción de grandes volúmenes de los recursos naturales, por la vocación para la exportación (tienden a satisfacer el mercado global y no las necesidades de las comunidades en las que tienen lugar) y entre ellas se encuentran, no solo las actividades mineras a gran escala o la extracción de petróleo, sino además, los monocultivos por ejemplo. La literatura sobre el tema, por fortuna cada vez más en América Latina, pone en duda los beneficios económicos reales y sostenibles para las comunidades en las que se realizan estas actividades, y para los países en general, y cuestiona la tendencia de ciertos gobiernos latinoamericanos a prometer que, aceptando estas actividades en nuestras tierras, “saldremos de pobres”.

La información sobre la que se puede discutir, siempre debe venir acompañada de las posibilidades reales de decisión, de modo que los entes políticos brinden los foros necesarios para la información y la decisión, reduciendo tanto como sea posible el riesgo de la manipulación (la toma de decisiones trascendentales a cambio de canchas de futbol o balones por ejemplo). Ciertamente ningún gobierno es neutral, pero ninguna sociedad democrática tolera que el gobierno ignore los movimientos sociales ambientales por centrarse en la representación de un solo actor del problema (aunque la retórica política diga que es por el bien de todos). Ignorar, ridiculizar o criminalizar la defensa de los recursos naturales, de un medioambiente sano o de la conservación de la biodiversidad, son signos de una concepción de democracia cortoplacista y pobre en sus visiones de sociedad y de los derechos.

Un análisis detenido sobre el tema nos ayudará a develar la falacia detrás de algunos argumentos, por ejemplo, nos ayudará a entender que los problemas medioambientales generados por estas actividades los sentiremos todos, vivamos o no en las regiones en las que se den. Además, que este no solo es un problema que afecta a los humanos que viven hoy en día en el país, sino además que afecta a los animales no humanos, y a las generaciones futuras de humanos y animales no humanos. Por otra parte, aunque ahora se habla tanto de la “minería responsable”, una cosa hay que tener clara sin ambages, a saber, que los recursos no renovables se llaman así porque se acaban, y una vez se acaban, por más dinero que tenga una comunidad (o parte de ella), por más regalías que se hayan repartido y por más impuestos que se hayan cobrado por la actividad, simplemente no hay forma de volverlos a tener, y estos son precisamente los recursos indispensables para la vida. 

¿No constituye entonces la defensa de los recursos vitales una causa legítima y no es un deber de aquellos que elegimos para representarnos tenerla en la primera línea de sus decisiones? ¿No es una obligación de todo gobierno ofrecer modelos económicos alternativos, sostenibles y realmente públicos, que representen una contribución a la superación de la pobreza, sobre todo en áreas rurales? Habría que pensar si estamos viviendo en Colombia el fenómeno de que a las comunidades pobres se les niega la posibilidad de decisión con el argumento de sacarlas de la pobreza.

Para terminar, es importante anotar que como miembros de una universidad pública nos corresponde sin duda acompañar las reflexiones, que evidencien los distintos problemas en los modelos de desarrollo según los que vivimos, en las formas del ejercicio político que los acompañan, y contribuir a la construcción de nuevos modelos posibles, así como acompañar a las comunidades con la información responsable que requieren con urgencia. Este también es un problema de la democratización del conocimiento.

jueves, 5 de abril de 2012

"Democracia para Chile" convoca a manifestación contra HidroAysén el próximo miércoles 11 de abril

ORIGINAL: LaSegunda
por:  UPI jueves, 05 de abril de 2012

Apoyan un plebiscito para que los habitantes de la región den su opinión respecto al proyecto.

Río Baker. Archivo La Segunda
Santiago.- Organizaciones de "Democracia para Chile", que rechazan el proyecto Hidroaysén, anunciaron una concentración para el próximo miércoles 11 de abril, a las 18:30 horas, en la Plaza de Armas, en apoyo a lo planteado por la Mesa de Aysén de que dicho proyecto debe ser sometido a una consulta plebiscitaria entre los habitantes de la Patagonia.

En la sede de la Anef, este jueves, el presidente de esta agrupación sindical, Raúl de la Puente, -junto a representantes de Acción Ecológica, Luis Mariano Rendón; de Patagonia Sin Represas, Patricio Rodrigo; de Confusam, Carolina Espinoza; de Conupia, Iván Vuskovic; y de Vecinos por la Defensa del Barrio Yungay, José Osorio, entre otros-, expresó que "los patagones viven en esa región en donde se plantea el proyecto hidroeléctrico; lo democrático es que se les considere, se les tome opinión y para eso que se les haga una consulta respecto a lo que piensa la población de Aysén respecto a ese proyecto", dijo el presidene de la Anef.

"La Anef y los funcionarios públicos de la región han emitido informes técnicos principalmente de las instituciones que tienen que ver con este proyecto. Desde la Seremi de Vivienda y del Serviu se han emitido opiniones que no han sido consideradas e incluso los funcionarios que las han emitido, sus jefes, las autoridades, han dicho que esas opiniones no deben ser presentadas, en circunstancias que son informes técnicos. Producto de eso como organización hemos tenido el despido arbitrario de funcionarios que emitieron esos informes, como el caso de Susana Niccodemi, que es de la Seremi de Vivienda regional que por no estar de acuerdo con el proyecto fue despedida, y también el caso de Natacha Pot, también de esa secretaria de Estado, que igualmente fue despedida por rechazar el proyecto", expresó Raúl de la Puente en una conferencia de prensa este jueves.

Por su parte, Luis Mariano Rendón dijo que lo que "está planteado en el conflicto de Hidroaysén es un tema ambiental, pero también es un tema de democratización. El país ha dicho basta a un tipo de Estado centralista y autoritario que pretende desde el centro político imponer resoluciones sobre los territorios y sobre las comunidades regionales, eso se ha manifestado muy claramente durante este gobierno, una primera muestra fue el caso de Magallanes, después las movilizaciones por Barrancones, luego por Hidroaysén, además la movilización por la educación, de carácter nacional".

"En definitiva lo que se está cuestionando es un modelo de estado que se viene arrastrado prácticamente desde el siglo 19, donde no hay ninguna posibilidad para que las comunidades regionales se pronuncien sobre lo que se hace o no se hace en su territorio. En Chile se designan por parte del Presidente de la República a los jefes políticos de cada una de las regiones, los intendentes. En Acción Ecológica concordamos plenamente con la demanda que ha levantado la comunidad de Aysén de que ellos deben ser escuchados respecto a este proyecto, y para apoyar esa demanda es que nosotros estamos convocando para el próximo miércoles, a las 18:30 horas, en la Plaza de Armas una concentración a fin de que la ciudadanía se exprese por la defensa de nuestra naturaleza, por la regionalización del país y por la democratización de Chile", dijo Rendón.


En fallo dividido, Suprema da luz verde a HidroAysén tras rechazar recursos de protección
miércoles, 04 de abril de 2012

El vocero del máximo tribunal del país detalló que la resolución se tomó porque "no hay perturbación ni amenaza a las garantías constitucionales que se habían alegado".


Santiago.- La Corte Suprema dio luz verde este miércoles a la construcción del megaproyecto HidroAysén, tras reafirmar el rechazo a los recursos de protección presentados para evitar el inicio de las obras, informó el vocero del máximo tribunal del país.

Jaime Rodríguez Espoz detalló que, en fallo dividido (tres a favor y dos en contra), la máxima instancia judicial reafirmó la decisión que la Corte de Puerto Montt emitió el 6 de octubre del año pasado, en el que desestimó una serie de acciones presentadas por parlamentarios, organizaciones ecológicas y grupos ciudadanos en contra de la resolución que aprobó la construcción del proyecto.

"Distintos organismos presentaron recursos de protección que fueron rechazados por la Corte de Puerto Montt, fundado en que no hay perturbación ni amenaza a las garantías constitucionales que se habían alegado y hoy día por resolución de hoy, la Corte Suprema también confirmó el rechazo", señaló Rodríguez Espoz.

El magistrado advirtió que tanto en el tribunal de alzada de Puerto Montt, como en el máximo tribunal, el dictamen se adoptó con votos en contra de jueces que estaban por acoger la acción cautelar.

"En Puerto Montt, el ministro Hernán Crisosto votó en contra y dijo que había que acoger el recurso de protección, y acá (en la Suprema) el ministro Hardoldo Brito y la ministra Sonia Araneda estuvieron por acoger también los recursos".

El proyecto, que generará unos 2.750 megavatios (MW), equivalentes al 20% de la actual capacidad instalada de Chile (14.000 MW), había sido aprobado por una Comisión Ambiental el 13 de mayo de 2011.

Más tarde, el vicepresidente ejecutivo de HidroAysén, Daniel Fernández, se refirió al fallo y a las críticas de los ambientalistas.

"Lo que ha hecho la Corte en su fallo es ratificar que todo lo que se ha obrado respecto de la evaluación ambiental, se ajusta completamente a derecho. Y este fallo es el fin de una etapa, porque ha habido muchos fallos anteriores, todos a favor del proyecto", señaló en radio Cooperativa.

Fernández agregó que "la Corte Suprema es la instancia máxima jurídica que existe en Chile y ésta ha ratificado la resolución de calificación ambiental para las centrales, no aún para las líneas de transmisión".

"Cualquier acción que se quiera hacer de carácter internacional no nos inhabilita a nosotros respecto del derecho que tenemos de construir el proyecto", finalizó.