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lunes, 3 de marzo de 2014

El mapa que explica la deforestación en el mundo (y lo hace en tiempo real)

Varios organismos lanzan Global Forest Watch, una web que integra capas de datos para ver el estado de los bosques de todo el mundo

Los mapas los pone Google; las imágenes de satélite, la NASA; los datos, el World Resources Institute y otras agencias; y la capa de visualización, la empresa española Vizzuality

El recurso sirve para gobiernos, empresas, comunidades y para que cualquier ciudadano explore los cambios forestales casi según suceden, porque los datos se actualizan con frecuencia

 Global Forest Watch.


Mira el mapa. El rosa representa la masa forestal que ha desaparecido en España desde el año 2000. ¿Qué pasa en Galicia, que se ha perdido tanta? "Muy fácil: en Galicia se producen el 50% de incendios de España", responde Ángel Dorrio, técnico de Medioambiente de la asociación Amigos da Terra.

Las estadísticas del Ministerio de Agricultura y el mapa de España en Llamas confirman que Galicia es la comunidad en la que más hay. "Como ves, siempre aparece Galicia en rojo. Los datos son graves, llevamos más de cuarenta años con el mismo problema". Un caso reciente es el de las Fragas do Eume. Si hacemos zum, vemos con detalle la zona devastada. La captura de la izquierda es el parque entre 2005 y 2009; la de la derecha, entre 2005 y 2013. En abril de 2012, el incendio extinguió más de 750 hectáreas (que son las que aparecen en rosa).


Ahora mira esta otra imagen:


Es una de las áreas del mundo en la que más árboles desaparecen. Aunque la del Amazonas es la más sonada, lo de arriba es el zum sobre la región de Gran Chaco, entre el sur de Brasil, Argentina y Paraguay. ¿Qué pasa? ¿Por qué la deforestación allí es cuadrada? Se llama sojización y es el cultivo de soja. "En Argentina y Brasil ha crecido brutalmente. Sustituyen cultivos tradicionales por monocultivo y hay mucha deforestación", explica Tom Kucharz, de Ecologistas en Acción.

¿Y por qué soja? Es más barata ("es agricultura intensiva con muchísima tecnología y fertilizantes químicos para matar la mala hierba"), sus proteínas son perfectas para la ganadería industrial (la que usan las cadenas de comida rápida, por ejemplo) y se vende muy bien en los mercados internacionales.

Este gráfico muestra la evolución de su precio, que sólo de 2007 a 2008 subió un 86%. Como Kucharz, ecologistas e investigadores llevan años alertando sobre el problema y sus efectos económicos y sociales. También sobre los medioambientales, claro.

Pintar los cambios de los bosques

Galicia y sus incendios, y el Gran Chaco y su sojización son sólo dos de los casos de deforestación que hay en el mundo. Las imágenes para explicarlos las hemos sacado de Global Forest Watch, un proyecto del World Resources Institute presentado la semana pasada que, en forma de web, muestra el estado de los bosques del mundo.

Los mapas los pone Google; los datos de árboles desaparecidos y aparecidos e imágenes de satélite, organismos como la Universidad de Maryland o la NASA. Y la visualización de esos datos (o cómo ver, en una imagen, que los incendios forestales en Galicia o los cultivos de soja se cargan los bosques), la empresa española Vizzuality y su tecnología CartoDB (que en eldiario.es hemos utilizado, por ejemplo, para ver el tráfico ferroviario en España).

"Lo que nos gusta es contar historias y los mapas son un medio para ello", explica Carlos Matallín, uno de los desarrolladores que ha ‘pintado’ las capas de datos. "Tenemos datos muy ricos, importantes y validados, pero que no puedes tirar en crudo porque no se saca nada en claro. Puedes decir ‘sí, hay deforestación’. La parte bonita, interesante y compleja es cómo muestro estos datos a cualquier persona de forma amigable e intuitiva. Y con ello, contar, por ejemplo, la deforestación en un área protegida y cómo a través de las alertas se puede parar". ¿Alertas?


Si un árbol cae y nadie lo escucha, ¿hace ruido?

Un problema de la deforestación es que cuando se detecta (cuando el árbol cae en mitad del bosque) suele ser tarde para pararla. Por eso la novedad de Global Forest Watch, que lleva dos años en desarrollo y del que ha habido prototipos previos, es el tiempo real: los datos que integra no sólo son de muy buena calidad (aquí explican de dónde proviene cada set de datos y cómo se ha tomado), sino que en muchos casos se actualizan diaria o mensualmente. También la posibilidad de delimitar áreas, guardarlas y poner alertas que te avisen si 'algo' cambia (si algún árbol cae en mitad del bosque).

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"La página dice: 'near real time' (casi en tiempo real). La capa de fuegos, por ejemplo, se puede tener con hasta un día de diferencia. En cada capa están explicadas la resolución de los datos y la periodicidad con la que se actualizan", cuenta Matallín. Las capas más importantes son las de Forest Change (el cambio en los bosques, que dentro de la web está en la columna de la izquierda). "Queremos saber cómo está cambiando el bosque y eso viene explicado ahí. El resto de las capas (biodiversidad, masa forestal, zonas intactas o protegidas) ayudan al análisis".

Haciendo zoom, activando y desactivando capas de datos, puedes encontrar historias de deforestación o reforestación. Además de los incendios gallegos o sojización, en este post hay otros nueve ejemplos para entender lo que pasa en los bosques del mundo.

Rompiendo la barrera entre la ciencia y las personas

Más allá del ‘wow, qué mapa tan vistoso’, la herramienta es útil para muchos agentes. "Sirve para diferentes tipos de personas que quieran trabajar con los datos. Agencias gubernamentales, o no, que quieran controlar la deforestación, grupos indígenas que quieran saber qué está pasando con su tierra o empresas que quieren asegurarse de que su cadena de distribución cumple con los compromisos", precisa Matallín.

"Digamos Unilever o Nestlé, que son empresas que han dado su nombre. Nestlé tiene proveedores que están explotando un área. Ellos pueden ir a esa zona, hacer un análisis y confirmar que lo que les han dicho sus proveedores coincide con lo que ellos ven a través de la web".

Y más allá de gobiernos, empresas y grandes organizaciones, el objetivo de Global Forest Watch es llegar a la gente: con la posibilidad de enviar historias para explicar, con fotos, palabras y ejemplos, qué pasa en los bosques del mundo (¿hay un incendio en Valencia?, ¿en la isla de Sumatra? Envíaselo para que aparezca sobre el mapa) y que cualquier ciudadano lo explore.

"Con los datos en números no haces nada. Con esto acercas un poco más, o ayudas a romper la barrera que hay entre la ciencia y las personas. Que, al fin y al cabo, es lo importante y realmente crucial de este proyecto".

ORIGINAL: El Diario (España)
Analía Plaza
02/03/2014

domingo, 21 de octubre de 2012

Stanford researchers show oil palm plantations are clearing carbon-rich tropical forests in Borneo

ORIGINAL: Stanford News
By Rob Jordan

Demand for palm oil is driving the deforestation of forests in Borneo, as trees are cleared to make way for the planting of oil farm plantations, which will send carbon dioxide, a global-warming gas, into the atmosphere.
Lian Pin Koh / Creative Commons. An oil palm nursery in Indonesian Borneo. New Stanford research shows that deforestation to make way for oil palm plantations in Borneo is becoming a globally significant source of carbon dioxide emissions.

Expanding production of palm oil, a common ingredient in processed foods, soaps and personal care products, is driving rainforest destruction and massive carbon dioxide emissions, according to a new study led by researchers at Stanford and Yale universities.

The study, published online Oct. 7 in the journal Nature Climate Change, shows that deforestation for the development of oil palm plantations in Indonesian Borneo is becoming a globally significant source of carbon dioxide emissions.

Plantation expansion is projected to contribute more than 558 million metric tons of carbon dioxide to the atmosphere in 2020an amount greater than all of Canada's current fossil fuel emissions.

Indonesia is the leading producer of palm and palm kernel oil, which together account for more than 30 percent of the world's vegetable oil use, and which can be used for biodiesel. Most of Indonesia's oil palm plantation expansion is occurring on the island of Borneo, also known as Kalimantan, which occupies a land area nearly the size California and Florida combined. Plantation leases, covering 32 percent of Kalimantan's lowlands outside of protected areas, represent a major land bank that is slated for development over the next decade, according to the study.

In 2010 alone, land-clearing for oil palm plantations in Kalimantan emitted more than 140 million metric tons of carbon dioxide – an amount equivalent to annual emissions from about 28 million vehicles.

Major emitter of greenhouse gasses
Home to the world's third-largest tropical forest area, Indonesia is also one of the world's largest emitters of greenhouse gasses, due to rapid loss of carbon-rich forests and peatlands. Since 1990, development of oil palm plantations has cleared about 16,000 square kilometers of Kalimantan's primary and logged forested lands – an area about the size of Hawaii. This accounts for 60 percent of Kalimantan's total forest cover loss in that time, according to the study's authors.

"Despite contentious debate over the types and uses of lands slated for oil palm plantations, the sector has grown rapidly over the past 20 years," said project leader Lisa M. Curran, a professor of ecological anthropology at Stanford and a senior fellow at the Stanford Woods Institute for the Environment. By combining field measurements with analyses of high-resolution satellite images, the study evaluated lands targeted for plantations and documented their carbon emissions when converted to oil palm.

The study's researchers generated the first comprehensive maps of oil palm plantation expansion from 1990 to 2010. Using cutting-edge classification technology, developed by study co-author Gregory Asner from the Carnegie Institution's Department of Global Ecology, researchers quantified the types of land cleared for oil palm plantations, as well as carbon emissions and sequestration from oil palm agriculture.

"A major breakthrough occurred when we were able to discern not only forests and non-forested lands, but also logged forests, as well as mosaics of rice fields, rubber stands, fruit gardens and mature secondary forests used by smallholder farmers for their livelihoods," said Kimberly Carlson, a Yale doctoral student and lead author of the study. "With this information, we were able to develop robust carbon bookkeeping accounts to quantify carbon emissions from oil palm development."

The research team gathered oil palm land lease records during interviews with local and regional governmental agencies. These records identify locations that have received approval and are allocated to oil palm companies. The total allocated leases spanned about 120,000 square kilometers, an area slightly smaller than Greece. Most leases in the study occupied more than 100 square kilometers, an area slightly larger than Manhattan.
Tracking the land leases

Using these leases in combination with land cover maps, the team estimated future land-clearing and carbon emissions from plantations. Eighty percent of leases remained unplanted in 2010. If all of these leases were developed, more than a third of Kalimantan's lowlands would be planted with oil palm by 2020.

Despite these large numbers, accurate information about leases is not readily available for public review and oversight, even after the leases are granted. The average Kalimantan resident is unaware of plans for local oil palm development, which can have dramatic effects on residents' livelihoods and environment, Curran said.

"These plantation leases are an unprecedented 'grand-scale experiment' replacing forests with exotic palm monocultures," said Curran. "We may see tipping points in forest conversion where critical biophysical functions are disrupted, leaving the region increasingly vulnerable to droughts, fires and floods."

Combined with results generated from their more detailed district-level study recently published in the Proceedings of the National Academy of Sciences, the researchers emphasize that sustainably producing palm oil – a stated goal of the Indonesian palm oil industry – will require re-evaluation of awarded oil palm plantation leases located on forested lands.

The research study, "Carbon Emissions from Forest Conversion by Kalimantan Oil Palm Plantations," was supported by the NASA Land Cover/Land-Use Change Program, the John D. and Catherine T. MacArthur Foundation, the Santa Fe Institute and the National Science Foundation.



Rob Jordan is the communications writer for the Stanford Woods Institute for the Environment.
Media Contact

Lisa Curran, Stanford Woods Institute for the Environment: (203) 606-4513, lmcurran@stanford.edu

Christine Harrison, Stanford Woods Institute for the Environment: (650) 725-8240, christine.harrision@stanford.edu