jueves, 19 de febrero de 2015

Editorial: Cerebros espantados


Es inexplicable que 'Es tiempo de volver' resultara truncado por causa de vericuetos burocráticos.

El conocimiento es uno de los más grandes haberes y valores de un país. Por eso hay que respaldar la iniciativa ‘Es tiempo de volver’, mediante la cual el Estado colombiano busca recuperar a los cerebros fugados, con raíces de formación universitaria en el país y que han completado su educación en instituciones de alto nivel académico, como universidades de la talla de Harvard, Stanford, Lille y Toulouse.

El aporte de estos colombianos, que hoy investigan, hacen ciencia e innovan en otras latitudes, sería invaluable para el desarrollo y el crecimiento del país. No en vano se dice que el progreso de una nación está fundado, esencialmente, en su capital humano formado.

Por eso resulta inexplicable y vergonzoso que una buena idea como esta, de cuya ejecución está a cargo el Departamento Administrativo de Ciencia, Tecnología e Innovación (Colciencias), se ponga en riesgo, incluso antes de llevarse por completo a la práctica, por causa de vericuetos burocráticos y, lo que es peor, de la personal interpretación de algunos funcionarios de mando medio.

De los 140 doctores y posdoctores que creyeron en ‘Es tiempo de volver’, y que se postularon hace meses, cerca de la mitad se han estrellado contra una pared de evasivas, demoras y cambios en las condiciones, que ha obligado a algunos a desertar y tiene a muchos otros a punto de hacerlo. Lo más grave es que todos ellos han desistido de las carreras, proyectos y trabajos que tenían por fuera, seducidos por la idea de venir a hacer ciencia en Colombia.

También es reprochable la actitud irrespetuosa que funcionarios de Colciencias asumieron ante las inquietudes planteadas por los beneficiarios de este programa respecto a cambios en los salarios, el acompañamiento en la repatriación y los beneficios tributarios que inicialmente les ofrecieron.

Nadie dice que merezcan un tratamiento especialísimo por su condición académica, pero sí decente. Que un empleado de Colciencias justifique la falta de claridad y las dilaciones del programa con un “no están en Disneylandia, tienen que adaptarse a la realidad de Colombia” es inadmisible, sobre todo en un país donde la ciencia nativa prácticamente no existe.

Al revisar en detalle los ofrecimientos de la iniciativa, queda claro que las condiciones planteadas al comienzo no eran exageradas ni ponían en riesgo el situado fiscal del país; era lo mínimo para sostenerse en Colombia. A cambio, ellos aceptan la misión de compartir el bagaje y el conocimiento adquiridos. Sumados los de todos, valga decirlo, eso se traduce en años de experiencia vitales para la formación de los anhelados semilleros de ciencia en el país.

Con todos estos argumentos, no hay excusa para que Colciencias no agilice estos procesos ni se comprometa con la ejecución exitosa de este ambicioso programa, lanzado con gran entusiasmo en marzo del año pasado y al que se destinaron 17.000 millones de pesos.

Ni la ciencia ni sus gestores brotan de la tierra, sino que son fruto del esfuerzo consciente de los Estados por cultivarlos. El peor camino es optar por esperar a que de vez en cuando aparezca un investigador cuyo esfuerzo individual le sirva al país para sacar pecho, y ocultar lo que no se ha hecho en este campo.


EDITORIAL
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ORIGINAL: El Tiempo
Por: EDITORIAL
17 de febrero de 2015

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