miércoles, 27 de febrero de 2013

Un escultor de materia invisible

ORIGINAL: CityTV
26-02-2013


Édgar González, investigador en el área de nanomateriales, fue destacado recientemente como un talento colombiano de talla internacional. Su trabajo ha sido publicado por la revista Science.
Naturaleza, en metamorfosis 
11 de Diciembre de 2012

Johana Heredia Monroy
Divulgadora de ciencia, Canal Click

El poder de la nanotecnología ya está en la carta de la ciencia nacional. 

Édgar Emir González, investigador en nanotecnología. Óscar Alejandro Mesa
El ser humano, gracias a la ciencia, va logrando descubrir qué es lo que encierra la naturaleza y cuáles son los fundamentos de su poder: fuerza, composición, belleza, simplicidad y complejidad. Así, durante las últimas décadas, científicos en todo el mundo se han puesto en la labor de investigar los elementos y su esencia.

Una de las vertientes más prometedoras de la ciencia es la nanotecnología: el estudio, diseño, creación, síntesis, manipulación y aplicación de materiales, aparatos y sistemas funcionales a través del control de la materia a nanoescala. Esto permite la explotación de los fenómenos y de las características mismas de la materia. Es la naturaleza estudiada y manipulada en sus propiedades fundamentales, que radican en lo ínfimo.

Sobre el tema, el investigador Édgar Emir González, de la Universidad Nacional de Colombia, comentó en el programa El debate de la Ciencia, de Canal Click que “El estudio de los nanomateriales es el estudio mismo de la materia. Es decir: a escalas nanométricas, al orden de millonésimas de metro de una microescala, hay comportamientos exóticos, bastante interesantes. Estos solo se pueden percibir por medio de microscopios de gran potencia”.

¿Qué es lo que se busca hacer con estos nanomateriales? Se busca controlar tres aspectos de su esencia: forma, tamaño y composición. Si se llega a alterar una estructura nanométrica, el resultado puede ser dramático, pero a su vez se puede crear sintonía con las propiedades que uno desea que tenga el material. Es impactante lo que pueden ofrecer estas estructuras, cosas que no suceden en la macroescala. González ilustró con un ejemplo que remite a la alquimia: “perfectamente tomas un pedazo de oro y le puedes cambiar el color amarillo por naranja sin alterar sus otras propiedades”.

Algunas estructuras son creadas por la naturaleza, y otras son sintetizadas por el humano en el laboratorio. Es en el área de la salud donde más se evidencia esta promesa. Existen ya algunos protocolos que están en proceso de aprobación. Un ejemplo de ello se da en Alemania, donde se acaba de aprobar un protocolo para el tratamiento nanotecnológico del cáncer sólido cerebral.

Podemos decir que la nanotecnología está llegando a un ideal alquímico: programar la materia en sus propiedades fundamentales, en función de lo que se necesite.

Alquimia del siglo XXI
En la Edad Media, una de las actividades más respetadas en Europa, China y el mundo islámico era la búsqueda del control de la materia por manipulación, la alquimia. Esta actividad era considerada una ciencia. Miles de personas en muchos países se dedicaban a fundir, evaporar, licuar, condensar y sublimar metales una y otra vez, en ciclos que parecían infinitos. Según muchos, el objetivo era producir oro. Pero para los alquimistas serios era muy diferente: conocer los metales, modificar la esencia misma de la materia y, por medio de ese trabajo dispendioso y cíclico de muchos años, transformar el propio espíritu en uno más noble, como el oro.

¿Algo de todo esto nos suena actual? Pues hoy sabemos que la transmutación sí existe en la naturaleza. Por ejemplo, en el sol, constantemente el hidrógeno se transforma en helio por fusión nuclear. Pero en el siglo XXI la ciencia ha ido mucho más allá: la nanotecnología ya tiene la capacidad de cambiar las propiedades íntimas de muchos materiales y construir, por ejemplo, líquidos magnéticos. Afortunadamente, los nanotecnólogos no están interesados en generar oro, sino en curar enfermedades y en mejorar nuestra calidad de vida.

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