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jueves, 18 de octubre de 2012

Peligroso experimento de geoingeniería en Canadá puede tener efectos catastróficos



En el marco de la Convención de las Partes del Convenio, se ha revelado en la prensa (the Guardian) un experimento a gran escala de alteración climática, llevado a cabo en la costa oeste canadiense el pasado mes de julio.

La actuación fue llevada a cabo por un empresario estadounidense, que previamente había intentado desarrollarlo en las costas de Ecuador y de las Islas Canarias en España pero donde había sido rechazada su propuesta. En ambos países se había llegado a prohibir la entrada a sus barcos, de acuerdo con The Guardian.

Esta acción es de extrema gravedad, dado que supone una violación flagrante de dos acuerdos internacionales: uno dentro del CDB y otro dentro de la Convención de Londres contra la contaminación del mar.

Todo por el dinero, graves complicidades

Russ George, el empresario californiano, llegó a una comunidad indígena canadiense en las islas Haida Gwaii (uno de los ecosistemas mundiales de reconocida riqueza), en Brisith Columbia, y les convenció para desarrollar una actuación para beneficiar el océano y mejorar la población de salmón.

Según las informaciones, George habría entonces trasladado a esas islas material y personal científico y tecnológico, y habría vertido 100 toneladas de sulfato de hierro a las aguas marinas 200 millas al oeste de las islas. Ello habría provocado un crecimiento explosivo del fitoplancton, circunstancia que estaría siendo registrada por instituciones públicas de Estados Unidos como la NASA y la NOAA (Agencias del Espacio y de los Océanos y la Atmóstera), cosa que demostraría la implicación de la administración estadounidense.

El objetivo del proyecto no es otro que iniciar una nueva vía de negocio: el crecimiento del fitoplancton podría capturar carbono atmosférico (CO2) y posteriormente, al morir las algas, depositarse en el fondo del océano. Esto generaría créditos de carbono puesto que el sistema sería un nuevo sumidero que podría compensar las emisiones de gases de efecto invernadero, de acuerdo con sus promotores. Los créditos de carbono cotizan en el mercado mundial establecido por el Protocolo de Kyoto, y podrían representar un negocio muy lucrativo para las empresas que lo desarrollasen.

La situación es de extrema gravedad no únicamente por las consecuencias sobre el medio ambiente local y global, sino por el menosprecio que representa la actitud de George, que consideró los convenios internacionales como “mitología”, y del gobierno de Estados Unidos que facilitó material científico para el experimento (Estados Unidos es el único país del mundo, junto al Vaticano, que no ha firmado el Convenio de Diversidad Biológica),

Las ONG reclaman a la Convención de Biodiversidad que tome medidas contundentes

La Conferencia de las Partes del Convenio de la Diversidad Biológica acordó en su 10a Conferencia de las Partes una moratoria a este tipo de experimentos. En concreto, se acordó que cualquier experimento de esta naturaleza debía restringirse a espacios confinados, limitados en el espacio, y nunca directamente en la naturaleza, estableciéndose una moratoria a estos experimentos.

La vulneración en Canadá representa un golpe gravísimo a la legislación internacional. Es por ello que las ONG presentes en Hyderabad, Ecologistas en Acción entre ellas, han reclamado a los países presentes que se tomen medidas para evitar que se repitan este tipo de vulneraciones. Si los procesos multilaterales no son capaces de hacer cumplir con sus propios acuerdos, entonces se convierten en papel mojado, en simple palabrería.

Los gobiernos tienen la obligación de luchas contra el cambio climático a través de la mitigación de las emisiones de gases con efecto invernadero, reduciendo la quema de combustibles fósiles y evitando la deforestación. No hay excusas ni atajos tecnológicos para esta necesidad reconocida por todos los procesos oficiales y convenios internacionales.

La modificación climática con técnicas de geoingeniería es un peligro inasumible, por sus consecuencias imprevisibles sobre el clima y sobre el medio ambiente.

Las ONG reclaman una prohibición total a este tipo de prácticas, y que se persiga a los responsables.

lunes, 20 de agosto de 2012

Could Pumping Aerosols into the Atmosphere Stop Global Warming?

ORIGINAL: Live Science
16 August 2012 
Rachel Kaufman, InnovationNewsDaily Contributor


A British climate-cooling balloon experiment would have sprayed water into the atmosphere to test its effect on reflecting sunlight. CREDIT: Hugh Hunt, SPICE project 
Heat waves. Drought. Storms. The extreme weather that has battered much of the planet in the past few years, up through the heat wave cooking most of the United States this summer, has more scientists thinking about extreme solutions to the climate crisis.

Geoengineering – making large-scale changes to the environment – is no longer fringe science, with the debate shifting from whether it should be done to how.

One controversial idea gaining traction among scientists is injecting small particles, known as aerosols, into the stratosphere to block the sun's radiation.

Aerosols reflect solar radiation back into space, lowering Earth surface temperatures. They can also provide "seeds" around which water droplets coalesce to form clouds, thus further increasing the planet's reflectivity. The particles are fairly long-lived in the stratosphere, a stable region of the atmosphere that begins five to six miles up. This makes the idea of aerosols' use as a worldwide planet-cooler fairly attractive.

The effects of aerosol injections are at least somewhat known, since volcanic eruptions produce aerosols naturally and have produced cooling in the past. Mount Pinatubo, a volcano in the Philippines that erupted in 1991, spewed so much sulfur dioxide into the stratosphere that the planet cooled by 1 degree Fahrenheit (0.55 degrees Celsius) and stayed cool for more than two years.

Skeptics of the idea, however, say it's one thing when a volcano erupts; imitating nature would be another thing entirely. While Pinatubo-like amounts of sulfur (roughly 20 million tons) pumped into the atmosphere could linger three to four years, cooling the planet within the first months, reversing sea ice melt, and possibly even promoting tree growth, the side effects are uncertain. A 2009 paper found that stratospheric aerosol injection (SAI) could lead to drought in Africa and Asia and deplete the ozone layer, and it would not stop ocean acidification.

A miscalculation in the injections could be a costly mistake, ushering in a new ice age. And if scientists were to stop regular injections without cleaning up the greenhouse gases in the atmosphere, the rebound effect could be worse for crops, animals and ecosystems than if they had done nothing. [Could Space Mirrors Stop Global Warming?]

Beyond that, critics say, regular aerosol injections would change the sky's color, ruin astronomy for optical telescopes on Earth, and remove the incentive for nations to clean up their own acts. And in a final act of irony, with less sunlight reaching the Earth's surface, solar panels would produce less power.

Despite these potential drawbacks, research continues. A group of Cambridge scientists recently published a study of the proposed options for getting the aerosols to the stratosphere. (The report favored using a large tethered balloon with a hose attached to a high-pressure pump.) A study in mid-2012 found that the sky would look no different post-geoengineering than it currently does in urban areas, which have higher levels of aerosols due to pollution. And many scientists have concluded that aerosol injection is the most effective, most timely and cheapest solution to warming that has been proposed thus far, costing about $50 billion per year.

However, until scientists know more about the potential side effects of geoengineering through tests (as opposed to computer models), it's not likely to happen. A 2010 government report found only one field experiment related to aerosols and noted that the U.S. spent only about $2 million over two years investigating solar radiation management techniques.

The problem? Testing large-scale climate engineering techniques in the field requires large-scale tests in the field. In the words of climate change scientist Mike Hulme, writing in Progress in Physical Geography: "Research and deployment become one and the same." To test the technology, it has to be put into effect – and the consequences of that are still largely unknown.

This story was provided by InnovationNewsDaily, a sister site to LiveScience. Follow InnovationNewsDaily on Twitter @News_Innovation, or on Facebook.