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jueves, 8 de mayo de 2014

El pueblo inteligente de Colombia

ORIGINAL: Semana



Según un experto
“Es un buen caso de cómo el conocimiento de la universidad se aplica en la vida real. Un caso exitoso de inteligencia colectiva y una solución que podría replicarse en el país”.
Arquitecto Alberto Saldarriaga, decano de la Facultad de Artes y Diseño de la Universidad Jorge Tadeo Lozano.

Se dice que dos cabezas piensan más que una y Palomino, en La Guajira, es la prueba. Es el único caso en el país en que los arquitectos y la comunidad se reunieron para trabajar por el pueblo. 

Hoy tiene un rostro distinto.

Esta propuesta arquitectónica de inclusión social ha llamado la atención a nivel nacional e internacional. Unió a los habitantes del corregimiento Palomino, de Dibulla, en La Guajira, para una misma causa: rediseñar su pueblo.

Cada uno de sus 4.000 habitantes aportó ideas y mano de obra en el proceso de construcción, un modelo de inteligencia colectiva. No hubo jerarquías entre quienes participaron: la comunidad, los alumnos de la asignatura Proyecto Nuevos Territorios de la Universidad Javeriana y los grupos de arquitectos Zoohaus, Zuloark y Mitin.

Así, desde 2009, empezaron a construir la casa de la cultura, en la que hoy se dictan talleres del Sena y se integran los kogui con los palominenses. También fabricaron un carrito de comidas en el que se venden pinchos, arepas y otros platos típicos cuyas ganancias van para los niños del pueblo. Además, se hizo la casa de los deportes, con cancha de fútbol, y un parque para los niños, con sogas y materiales de la región.

Y, lo más importante, un novedoso sistema de sanitarios, pues Palomino lleva casi 30 años sin alcantarillado. “Esto generaba un desastre antihigiénico al momento de drenar los pozos sépticos”, dice Sebastián Posada, habitante de Palomino. Estos también contaminaban las aguas subterráneas y los ríos.

Pero con el proyecto Palomino Sociedad en Construcción fueron reemplazados por baños secos, que funcionan sin agua. Separan los residuos líquidos de los sólidos, que no se pierden: los habitantes los mezclan con desechos agrícolas para abonar las huertas donde cultivan vegetales, escasos en la región. Además, la cubierta del baño seco recoge el agua de lluvia y la reutiliza.

Este ambicioso proyecto de innovación social, que tuvo un costo aproximado de 90 millones, ha sido premiado por varias entidades: la Bienal Colombiana de Arquitectura, la Bienal Iberoamericana de Arquitectura y la Unesco. Sin embargo, para el arquitecto Carlos Hernández, cabeza del proyecto, lo más importante de esta iniciativa es el impacto que ha tenido en la comunidad.

¿Por qué son mejores los baños secos?
Instalar un baño seco en Palomino cuesta 850.000 pesos mientras que llevar el alcantarillado costaría 8 millones de pesos. Ahora en cada casa, con cuatro habitantes en promedio, apenas se consume 2.800 litros de agua anuales con esta solución sanitaria. Si tuvieran alcantarillado o un pozo séptico esta cifra sería de 20.000 y 23.000 litros de agua, respectivamente. En total, los 500 hogares ahorrarían 10 millones de litros de agua y dejarían de contaminar 125 millones de litros, el equivalente a 50 piscinas olímpicas de 50 metros de longitud por 25 de ancho.

sábado, 23 de febrero de 2013

La magnitud ambiental del parque Los Nevados sigue sobreviviendo

ORIGINAL: ElTiempo
22 de Febrero del 2013

Los cojines de los pantanos del Quindío son de los escenarios más impactantes del parque.Foto: ARCHIVO PARTICULAR

Primer libro de gran formato sobre parque Los Nevados realza maravillas ecológicas de este lugar.

La predicción es lúgubre. Según mediciones de científicos colombianos asociados a la Organización de Naciones Unidas (ONU) y las realizadas por los meteorólogos menos pesimistas del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam), las nieves perpetuas del Ruiz, Santa Isabel y Tolima, los anfitriones del parque nacional natural Los Nevados, podrían derretirse del todo antes del 2040.

El cambio climático, que ha logrado que las temperaturas sean cada vez más altas, llevará a estos gigantes a convertirse en montañas de roca. Y sin hielo y con mucha menos agua disponible, será cada vez más alto el riesgo que amenaza la supervivencia de los pára mos que rodean a estas cumbres, que se encargan de regular el caudal de los ríos de la región.

A pesar de estos vaticinios, aún es posible ver el vaso medio lleno. Al fin y al cabo, faltan más de tres décadas para que la calamidad se instale allí definitivamente.

"El parque sigue imprimiendo su aroma, sus amaneceres, y quienes vivimos en sus faldas vamos a estar siempre marcados por su huella." Ricardo Gómez Giraldo, rector de la Universidad de Caldas, describe así las 58.300 hectáreas de este territorio único y dedicado a la conservación, que se extiende a lo largo de ese departamento y que también toca terrenos de Risaralda, Quindío y Tolima.

La frase es una de las primeras líneas de una especie de bitácora en la que se ha convertido 'La ruta del cóndor', el primer libro de gran formato que se hace en Colombia sobre esta área de reserva incrustada en plena región Andina, y que esa institución editó (con textos en español e inglés) en equipo con la Universidad Jorge Tadeo Lozano.

Cuatro fotógrafos, un agrónomo, una productora y los escritores Carlos Augusto Jaramillo Parra y Gonzalo Fajardo realizaron siete viajes, uno de ellos extendido por 13 días, para mostrar pesadumbres y bondades de una de las maravillas paisajísticas y ecológicas del país.

Hogar de mariposas pardas, avispas, cucarrones y otras especies sin huesos que están por estudiar y por eso todavía no tienen nombre. Y de mirlas negras, ranas, salamandras, venados, pumas, dantas, colibríes y el cóndor, el ave voladora más grande del mundo, en crítico estado y del que, según la investigación, solo quedan 14 ejemplares dentro del parque nacional -de los 250 que aproximadamente hay en todo el país-. Algunos de ellos fueron liberados en 1997, pero, para verlos en pleno vuelo, con sus tres metros de alas estiradas, es necesario subir a más de 3.000 metros sobre el nivel del mar. Muchos han muerto por la destrucción de su hábitat, uno de los graves problemas de Los Nevados.

Así lo reconoce Wálter Machete, uno de los personajes de esta historia y habitante de la vereda El Bosque, situada en el área de Los Nevados, y quien, al lado de su familia, vive del turismo, los cultivos de pancoger y la ganadería. Machete -dice el texto- condena de alguna forma, por ejemplo, los sembrados de papa y otros avances agrícolas que están afectando la zona de reserva, pero es igualmente franco al decir que esas actividades son la única opción de los pobladores para conseguir el sustento. Aquí la consigna es vivir al pie de la nieve o morir lejos de ella. Las montañas son su casa, los cobija la neblina y los arrulla el viento. Los niños montan a caballo desde los 4 años y caminan sin agitarse grandes distancias para ir a la escuela.

Y aunque no es razonable que un ecosistema tan sensible pueda mantenerse intacto frente a la influencia humana, "sin políticas que promuevan incentivos para cambiar cultivos por especies nativas, que se unan a alternativas de ingresos que puedan beneficiar a la comunidad, será muy difícil ver cambios benéficos para el entorno natural a mediano plazo", concluye la investigación.

A pesar de todo, la magnitud ambiental del parque Los Nevados sigue sobreviviendo. Aún hay tiempo para recorrerlo. Porque, como dice Cecilia María Vélez, rectora de la Tadeo Lozano, "allí todavía podemos extasiarnos y comprobar la magnificencia del país, pero desde más allá de los 5.000 metros".